9 de junio 2008 - 00:00
Favio: "Esta película es un salto al vacío"
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Leonardo Favio presentó su film-ballet «Aniceto», basado en su propio clásico de los 60. «Hacer algo distinto es fácil. Lo difícil es expresar todo lo que se ha vivido».
Los elogios también se extienden a cada técnico, «Chela, mi apoderada desde hace 30 años, que cuando estuve lejos se encargó de mi madre, y, desde hace 11, Muriel, que me lleva y conoce conmigo todos los sanatorios de Buenos Aires». Hay también un público pedido de disculpas centrado en el director de arte Andrés Echeveste: «Ese mezquino que también tengo en el corazón hizo que una vez no le diera el lugar que correspondía. Hoy, que estoy preparando el equipaje, lo reconozco». Y un agradecimiento especial, que la gente acompaña con un aplauso espontáneo, porque ya lo conoce, para « alguien más importante que una buena digestión, mi ángel de la guarda, Rodolfo Mórtola, que no tiene empacho en decirme 'esta escena es una porquería'. Una escena que estaba mal, del verbo mal, me dijo 'así arruinás la parte más bonita', me molestó, después me alejé, oré mucho, volví a escucharlo, y entonces filmé como él me decía y logré hacer la escena más bonita de la película» Mórtola es su asistente, coguionista, y colaborador artístico más cercano, tareas que antes realizó con Torre Nilsson y varios otros directores de renombre.
Alguien le cuestiona una fuerte escena con gallos de riña. En parte están trucados, pero Favio acepta esa violencia: «Duele. El dolor duele. Pero al menos esos gallos quedarán en la historia, parecen pinturas japonesas. A las gallinas las tienen 24 horas con luz, para que pongan huevos hasta de noche, y después les retuercen el pescuezo sin que nadie se entere. Además, los gallos hacen al paisaje, y a los personajes. Así era Luján de Cuyo, el rancho era así, y la dedicación con que cuidábamos el único traje que teníamos para ir al baile. Vivíamos así, casi. Esos personajes existían, y seguramente existen, porque la gente sigue naciendo, y enamorándose. Agradezco a Dios que haya dejado mi juventud, esa pasión irrefrenable, la fuerza incontenible de animalito, hoy puedo ver la belleza por la belleza misma».
Satisfecho con su obra, todavía le queda afrontar el momento del estreno. «Tengo la mejor expectativa y respeto por el público que está incorporado en mí como sístole y diástole. El cine es un arte de convocatoria. Vamos a ver. Yo para la crítica no soy un intocable. Me han dado palo para que tenga. Recuerdo uno que rechazaba «Nazareno Cruz y el lobo» porque el protagonista usa jeans, y en cambio no cuestionaba que se transformara en lobo, y parecía una crítica muy sesuda. En cambio llegué a gozar del nivel de Héctor Grossi, un crítico de voz gruesa, que también trabajaba en Tribunales. Leer una nota suya era tan hermoso como ver la película, te castigara o no. Lo suyo nunca era muestra de envidia o rencor, sino análisis serio y comprensivo de lo que vos tenías en el corazón».
La charla deriva hacia los festivales («temo competir, ya me han puesto K.O. un par de veces, si pierdo, va a ser mucho, y si gano, ¿qué gano?»), las escenas de sexo («No hay escenas de sexo, hay escenas de las más bellas del cine, que es mérito de los actores, medio inhibida ella, y caradura él»), y dos consejos a los estudiantes: «Comer muy livianito antes de irse a dormir» y ver detenidamente cada obra. «Yo iba al cine, cierto que ya no pagaba la entrada, estudiaba los diálogos de 'El ciudadano' o 'Los inundados', salía, me tomabaun café, y volvía al cine, ahora a concentrarme en los movimientos de cámara, y así cada aspecto. Ahora, con el dvd, es mucho más fácil. Si alguien no aprende, bueno, el que es burro es burro, o se equivocó de profesión».
Favio se siente cómodo, y hasta bromea cuando alguna palabra no le sale («estoy empastillado»), pero alguien quiere volver sobre una expresión que tuvo esa misma tarde: «Hoy, que estoy preparando el equipaje». La respuesta es inmediata: «¿Yo dije eso? Ni lo pienso. Cuando vaya a suceder, voy a avisar con una semana de antelación». Más tarde agradece. «Gracias. Recontra muchísimas gracias». Y todos lo aplauden, pero nadie quiere irse.
Paraná Sendrós




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