16 de mayo 2002 - 00:00

Fiel al espíritu de la historieta

Escena del film
Escena del film
«El hombre araña» («Spiderman», EEUU, 2002, habl. en inglés). Dir.: S. Raimi. Int.: T. Maguire, K. Dunst, W. Dafoe, C. Robertson, J. Franco, R. Harris, T. Raimi, B. Campbell.

E n los títulos de cierre de «El hombre araña», el director Sam Raimi hace toda una declaración de principios: la banda sonora abandona toda sutileza digital, ofreciendo el inconfundible tema musical de la historieta clásica de la Marvel Comics, en su versión original, sin retoques de ningún tipo.

La lealtad al personaje de Stan Lee y a la estética del comic como género es la principal cualidad de esta película, adaptación de una historieta a la pantalla grande que luce más seria que varios films recientes sobre obras de Shakespeare. No sería injusto que el film de Raimi pase a la historia como uno de los más clásicos en su tipo.

Lo que no deja de implicar todo un sacrificio formal, teniendo en cuenta el estilo de este director de culto -famoso por la trilogía de «Evil Dead», lo mejor en terror, gore y humor negro. Pensando las deformidades geniales que podría haber plasmado con un presupuesto de más de 100 millones de dólares, sorprende el trabajo de Raimi para no dejarse llevar por las posibilidades del personaje y sus saltos entre rascacielos en la era del cine digital.

Su elección formal y narrativa es sobria. De hecho, desde la primera escena hay un énfasis especial en el mundo interior del adolescente frustrado y marginal Peter Parker: «El hombre araña» es una historia de amor sencilla e ingenua que jamás funcionaría si no fuera por su interacción con las andanzas del superhéroe estelar que, a diferencia de otros superhéroes, percibe sus poderes más como una carga que como un don.

El lado raro, y probablemente no tan convincente de todo esto es que, a diferencia de Raimi, mucha gente no se toma tan en serio un personaje de historietas. Ese obsesivo foco en Peter Parker logra describir a fondo el personaje, limitando las posibilidades de la historia. Esto empezando por el sobrio formato panorámico que Raimi había abandonado desde su último film de bajo costo, «Evil Dead 2», 15 años atrás.

Justamente una de las escenas más dementes y psicotrónicas de la película incluye a Bruce Campbell, el héroe de
«Evil Dead», como un astuto presentador de lucha libre encargado de bautizar al temerario debutante -que aparece con un traje patético y el triste y mezquino objetivo de hacerse con unos dólares para comprarse un convertible-. Ese momento es uno de los pocos filmados con el inconfundible estilo Raimi. Es algo que el director pudo permitirse aprovechando el punto exacto en el que Peter abusa irresponsablemente de su don, justo antes de experimentar los acontecimientos traumáticos que determinan su lucha contra el crimen.

Sin la contundente actuación de
Tobey Maguire, todo sería inutil. Los quejosos de la falta de carisma de Michael Keaton como Batman deberían celebrar su trabajo: se roba la película, superando al villano Green Goblin -un eficaz Willem Dafoe con doble personalidad-e incluso a veces se supera a sí mismo vestido de Hombre Araña.

A diferencia de Superman y Batman, en este caso el verdadero héroe no tiene disfraz. Por algo, en casi todas las escenas culminantes,
Raimi siempre deja ver parte del rostro oculto detrás de la máscara de Spiderman.

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