27 de marzo 2006 - 00:00

Fuerte apertura de temporada con un artista sobresaliente

Sin titulo, 2006. Lápiz sobre papel (102 x 82cm) que forma parte de la exposición «Así,en toda la hoja» de Ignacio Valdez.
Sin titulo, 2006. Lápiz sobre papel (102 x 82 cm) que forma parte de la exposición «Así, en toda la hoja» de Ignacio Valdez.
La calle Arroyo ha sido invadida por el arte. En sus elegantes y escasos metros concentra excelentes anticuarios, las tradicionales galerías Palatina, Arroyo, Sofitel, y el bullicio de los espacios contemporáneos Zavaleta Lab, Praxis, Holz y, estratégicamente ubicado en la calle Esmeralda, Vassari se suma a la movida de Arroyo. La semana pasada, en un ambiente festivo se sucedían los vernissages. Para comenzar, el de Zavaleta Lab, que presentó las intrigantes pinturas de Jill Mulleady, y los enigmáticos dibujos de Ignacio Valdez, un joven de 28 años que sorprende con su virtuosismo.

Valdez
dio sus primeros pasos en Zavaleta Lab. En 2005 participó de una muestra colectiva y ahora exhibe «Así, en toda la hoja», título que hace referencia a su trabajo (siempre sobre papel) pero a la vez a sus nuevos y obsesivos dibujos abstractos. Aunque en el contexto de la muestra las abstracciones participan sin embargo de la figuración, pues giran alrededor del autorretrato, tema y problema de Valdez. Es decir, además de mostrar las características del rostro y la actitud del cuerpo,de revelar su aspecto físico y su lugar social, Valdez recurre a la abstracción para hablar de su mundo interior y de sus estados anímicos.

Al internarse en la sala se descubren tres series diferentes de dibujos, cuyo recorrido induce al conocimiento del retratado. En la primera serie, más allá de la gracia de los grafismos que utiliza en sus autorretratos (pixelados con cruces o letras equis, según se quieran mirar), Valdez se representa de cuerpo entero. Se observa desde una calculada distancia, mientras camina o atiende su celular, y con acentuado realismo estudia su ubicación en el mundo, en una época y lugar determinado. En la segunda serie, su figura se esfuma, es menos nítida, y sobre esa imagen difusa, dibuja con trazo rápido un fantasma de sí mismo, que adopta una posición diferente.

Las contradicciones del gesto parecieran hablar de las del espíritu. La tercera serie es absolutamente abstracta y se articula con las anteriores,porque permite descubrir el territorio donde el artista vuelca sus obsesiones y la tensión que subyace bajo la distendida imagen de su silueta. Valdez trabaja el grafito con mínimos recursos de color, y con infinitas líneas que al superponerse generan una trama cerrada y opresiva, sensación que compensa en otros dibujos con luminosos espacios en blanco.

Así, la expresiva obra de Valdez, su complejo contrapunto entre apariencia y realidad, se basa en la honestidad del relato, y el estilo (abstracto o figurativo) es su feliz consecuencia. Y vale la pena atender el pedido del autor del texto del catálogo, Rafael Cipollini, porque es cierta su conclusión: «Por favor, observemos más de cerca, muy detenidamente, las temperaturas de esos fondos de color que fundan sin proponérselo un muestrario de negros cromáticos -tanto fríos como cálidos-, la superposición geológica de trazos que nos develan la confianza del autor en su elemento, en la selección del papel y los lápices como mecanismos que materializan nuestra felicidad de espectadores».

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