«Gerente en dos ciudades» (Id., Argentina, 2002, habl. en español). Guión y dir.: D. Soffici, sobre novela de C.M. Gomez. Int.: A. Airala, D. Fonzi, C. Fal, C. Catania, L. Quinteros, M. Flores, M. Bravo, M.R. Pfeiffer, E. Conti.
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A parecen la cancha de Colón, Carolina Fal y Dolores Fonzi desnudas, y otros lugares de interés en este policial santafesino sobre las desventuras de un pequeño ejecutivo más dedicado al poker y las mujeres que al trabajo y la esposa embarazada. Su tren de vida y una racha de malas cartas lo llevan a malemplear los ahorros de un matrimonio de amigos sesentones. Cuando llega el momento de devolver la plata, y no hay cómo tapar el agujero, al infeliz no se le ocurre nada mejor que contratar a un killer. Ahí comienzan sus peores problemas, que se agravan cuando una amiguita muy querida aparece muerta y aporreada, y él queda como excelente chivo expiatorio.
Lástima que los problemas del realizador ya habían empezado mucho antes, con el guión y los diálogos, la dirección de actores, y la misma credibilidad de la historia. Sin haberlas practicado nunca, cualquier espectador sospecha que las estafas bancarias, los crímenes y los chantajes se tramitan de un modo bastante distinto al que acá vemos. Quizá sea así, y al espectador le falte experiencia en esas cosas de la vida, pero las sospechas se renuevan cuando aparecen otras que sí conoce, como el momento en que un padre primerizo llega a conocer a su bebé, y que aquí parece, digamos, entre inverosímil e insípido.
Verosímil es, en cambio, que a mitad de la historia un tipo acierte echándole algunas culpas a un diputado provincial con hábitos de proxeneta. Respecto a esta película, la culpa no es tanto del realizador novel que hizo honradamente lo que pudo, sino del grupo de notables del INCAA que tiempo atrás le diera el premio al mejor proyecto para un film del interior, sin darle al mismo tiempo las recomendaciones y el seguimiento del caso. Un momento bueno: cuando después de darle la biaba un pesado le arranca el reloj al gerente, y mientras se va pregunta, por las dudas, «¿Es acuático?» (porque si no, se lo devolvía). P.S.
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