17 de enero 2002 - 00:00

"GITANO. QUIERO SER LIBRE"

Escena del film
Escena del film
«Gitano-Quiero ser libre» («Vengo», Francia-España, 2001, habl. en español.) Guión y dir.: T. Gatlif. Int.: A. Canales, A. Pérez Dechent, M. Faraco, O. Villasan Rodríguez, Bobote, Tomatito, La Paquera de Jerez, La Caíta.

E s bueno recordar lo que dijo el actor Antonio Pérez Dechent cuando, meses atrás, presentó este film dentro de un ciclo de preestrenos europeos. «Esta es una obra de los sentidos, de ver y dejarse llevar. A la persona que le echen pa'tras los primeros diez minutos, que no vea el resto. Ahí cuando empiezan de contrapunto el andaluz y el árabe, váyase usté imbuyendo de esa música, que ya después empezará la película».

En efecto. Después de unas peñas de gitanería mediterránea, cuya principal actividad pareciera la de hacer palmas, bailar, cantar, abrir botellas e ir de putas, o que ellas suban a lucirse en el tablao (porque las únicas personas que se ven trabajando son unas viejas que limpian las mesas, cosechan aceitunas a palos, y limpian graffitis), después de todo eso, casi a la mitad de la película, empieza realmente a concretarse la historia.

Hay un momento, cuando el protagonista está durmiendo la mona. Al despabilarse, advierte un rayo de luz, una muñequita, un óvalo de virgen, una telaraña, y algo medio en árabe.

Afuera, un graffiti que lo amenaza directamente. El hombre se enfrenta al viejo rencor de otros. Su hermano ha causado una muerte y está prófugo, pero él debe seguir adelante, y dar la cara. Y es ahí, cuando puede agarrarse de esos pocos datos, que el espectador se despabila y advierte lo que se venía perdiendo: simplemente, un drama mostrado (más que narrado) desde la exaltación, la angustia contenida, y el embotamiento del alcohol y el dolor.

Algo más. Mientras en otra obra de
Tony Gatlif, «Gadjo Dilo (El extranjero loco)», nos acercábamos a una historia de amor, de la mano de alguien como nosotros, ajeno a la raza gitana, aquí nos acercamos a una situación de odios e incomunicación, a través de alguien que es puro instinto, cansancio y pasión. Eso sí, «Gitano» tiene momentos excelentes, pero también otros que, aunque logrados, pueden enervar por lo artificiosos.

Se extraña asimismo la sensualidad procaz y natural de
Ronja Hartner (de grato recuerdo a su paso por «Europa, un cine de Punta», hace dos años), ahora ausente. De todos modos, el conjunto tiene nervio, y una interesante libertad narrativa.

Pequeñas, pero significativas, tres escenas: aquella donde un gitano busca la mejor onda para su celular en medio de la ruta; otra donde, después que sus mayores se han amenazado, miembros de generaciones jóvenes se intercambian demos, y hablan de diseño gráfico; y una en que el protagonista comenta las grabaciones de unos negros africanos
(«¿Quiénes son? No lo sé. Solo sé que cuando los escuchaba, lloraba»).

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