El presidente del Instituto de Cine, Jorge Coscia, separó de sus funciones al director artístico del Festival de Mar del Plata, Claudio España, basando su decisión en una «diferencia de criterios». Pero como Coscia considera que España, por su prestigio intelectual, será «irreemplazable» en esa función, también abolió el cargo: desde el año próximo, no habrá más dirección artística en el atribulado festival marplatense, que este año estuvo a punto de naufragar, sino un «coordinador entre el INCAA, la industria y el festival».
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Todavía no trascendió ningún nombre para esa coordinación, aunque se especula que podría provenir del denominado «Proyecto Raíces», una agrupación recientemente formada, cercana al director de «Luca vive», y que integran -entre otros-el escritor Rubén Tizziani y el periodista Carlos Polimeni (guionista del film de Coscia).
De este «Proyecto Raíces» surgió la revista «Raíces», publicada por el INCAA, de información predominantemente turística, y que se difundió en el último Festival de San Sebastián con el objetivo básico de interesar a productores internacionales a venir a filmar a la Argentina. El canto de sirena es el tipo de cambio y las bellezas naturales.
«La decisión de separar a España fue por diferencias de criterios» dijo ayer Coscia a este diario. «No es atropellada ni apresurada, siempre me tomé tiempo para decidir cada cambio. El Festival depende del INCAA, está financiado por el Fondo de Fomento, y por lo tanto debe ser funcional a los intereses del cine argentino y para los argentinos. Si de Toulouse y San Sebastián sale financiación para películas argentinas, también debería salir de Mar del Plata», agregó.
La movida de Coscia apunta, además de terminar de conformar un equipo de colaboradores afín a su gestión y a la del Secretario de Cultura Rubén Stella (en tanto que España estaba identificado con la anterior de José Miguel Onaindia), al intento de convertir a Mar del Plata en otro polo más de búsqueda de recursos internacionales para producir películas. El tiempo dirá si tiene algún efecto.
En su accidentada vida desde su resurrección durante los años Mahárbiz, Mar del Plata experimentó varias mutaciones: de una pantalla de reinserción política en el mundo (con fuegos artificiales y la visita de estrellas que refulgieron, en su mayor parte, varias décadas atrás), a efímero sueño de festival a la altura de los tiempos durante los años Onaindia, proyecto brutalmente estrellado contra la pesificación y el default.
Se ignora si la etapa que se inicia será la de festival cartonero, desde luego en el más noble sentido que tiene este vocablo en el lenguaje de la Argentina de hoy. Parecería más urgente llamar la atención de los productores internacionales ricos que puedan contribuir con su óbolo, antes que pensar, como en Berlín, Venecia o Cannes, en el diseño de trabajosas retrospectivas temáticas o presentar flamantes novedades o copias restauradas. O, mucho menos, tender alfombras rojas, tan desterradas este año de su paisaje como los smokings del Teatro Colón. «Mar del Plata como festival sufre crisis de diseño crónico», dijo también ayer Coscia «pese al empuje de fuerzas vivas como la encabezada por el empresario Aldrey Iglesias». Es cierto, tal vez el año próximo el empeñoso dueño del Hotel Hermitage empiece a cansarse de ceder tan generosamente sus instalaciones, y de contribuir de otras maneras con el festival, sin encontrar eco en otras fuerzas de la provincia.
Más allá de la separación de España, el presidente del INCAA dijo que, en principio, «todo su equipo continuará». El removido director (cuyo contrato recién vence en diciembre) estuvo, hasta la semana pasada, trabajando en el armado de la futura muestra. « Cuando Coscia me informó de su decisión, el Festival 2003 ya estaba prácticamente definido», dijo a este diario.
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