4 de noviembre 2020 - 00:00

Gran muestra rescata el 3D de nuestros abuelos

Los visores producían un efecto tridimensional a las imágenes tomadas por cámaras que duplicaban cada exposición con un leve desplazamiento.

El 3D de antaño. La imagen duplicada se observaba a través de un visor especial y se volvía tridimensional.

El 3D de antaño. La imagen duplicada se observaba a través de un visor especial y se volvía tridimensional.

Luego de siete meses de confinamiento y de contemplar el arte a través de las pantallas, FoLa, la Fototeca Latinoamericana, abrió sus puertas la semana pasada con “Fotografía estereoscópica argentina”, exposición que demanda la presencia del espectador frente a la obra. Por su propia condición tecnológica, la fotografía pierde escasas cualidades al exhibirse de modo virtual; entre otras cosas, puede variar el tamaño, la textura del papel o los matices del color. Por el contrario, las imágenes tridimensionales demandan visores especiales.

La muestra curada por Esteban Pastorino con la colaboración del historiador Abel Alexander, se remonta al fin del siglo XIX y principios del XX para rescatar la fotografía estereoscópica, una técnica casi olvidada. Al tal punto que el director de FoLa, Gastón Dalau, señala que esta breve historia que cuenta la exposición, surgió cuando una señora llegó con unas cajas de cartón llenas de negativos de vidrio. Y le dejó un tesoro: las fotos del médico aficionado a esta disciplina, José María Jorge. A estas fotos se sumaron las de Alberto Constancio González, Bernardo Croce, Walter Kirby y muchos autores no identificados. Pastorino analiza la diversidad de los temas abordados y encuentra “algo en común: escenas de la vida cotidiana, retratos familiares y viajes a Europa y Argentina, especialmente a Mar del Plata, lugar de veraneo que varios de ellos frecuentaban”.

Creativo por naturaleza, Pastorino fabricó los visores de la muestra. Y vale la pena recordar que, en los inicios de su carrera, retrató a Buenos Aires con una cámara de su invención atada a un barrilete. La ciudad parecía una maqueta. Luego, en 2012 ingresó al Guinness con el negativo más extenso del mundo, 39,54 metros, y una cámara capaz de cargar más de 300 metros de película. Con la elocuencia de la tercera dimensión, las fotos muestran otra Argentina: ajena, distante, bellísima pero casi irreconocible. Allí están, mágicas y luminosas, las vistas de la playa Bristol de Mar del Plata, las pruebas de aviación en Camet y el esplendor de la Rambla en 1900. El Aniversario de la República en 1910 frente al Congreso se divisa envuelto en una bruma y, en esa misma fecha, figura la inauguración en la del Tren Trasandino. Entretanto, los habitantes nativos de Tierra del Fuego contrastan con la elegancia suprema de la sociedad criolla.

Si bien se aclara que el acceso a las cámaras y los insumos para la fotografía estereoscópica tenía un costo elevado y el acceso estaba limitado sólo al que pudiera pagarlo, dato que revela la ausencia de la pobreza, la Argentina era otra. Y también el mundo era diferente. Los viajeros de entonces descubrían territorios intocados que hoy han sido explorados y en ocasiones mancillados hasta el último centímetro. El mundo se agotó. Con sus cámaras de doble lente que replican la visión del hombre y sus dos ojos, los fotógrafos amateurs y profesionales viajaban con la misma curiosidad de los científicos y los artistas. Después mostraban con orgullo sus descubrimientos, el paisaje social y geográfico.

Abel Alexander escribe la historia de un conferencista que arribó a Buenos Aires en 1864. “Presentó un aparato que definió como: hermoso instrumento llamado Estereoscopo, señalando que fue inventado por Wheatstone. También explicó cómo se obtenían estas especiales imágenes dobles”. Alexander subraya la dificultad que implica encontrar las piezas de los fotógrafos profesionales que vendían las imágenes en 3D publicadas en excelentes catálogos que hacían llegar a su clientela. Al culminar su texto, Pastorino observa el escaso interés formal y conceptual de los fotógrafos actuales por el pasaje que a partir de 1950 llevó de vuelta la imagen tridimensional a la bidimensional. Cuestión que determina nada menos que la reducción del espacio. La exposición está acompañada por la extensa muestra “Vivian Maier. The color work” y se puede visitar con inscripción previa. FoLa, Godoy Cruz 2626, Piso 1. Distrito Arcos).

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