Kevin Johansen tiene un pie en la Argentina y otro en los Estados Unidos, donde vive desde hace muchos años y terminó de formarse como músico. Esa mezcla dio como resultado ese estilo muy personal, difícil de definir, ecléctico, multicultural, que tiene su obra.
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Estos días, el compositor, guitarrista y cantante está en Buenos Aires presentando su disco «The Nada» y, tanto en el álbum como en sus conciertos, desfilan una serie de géneros, estilos y timbres que tienen, como único eje permanente, el formato de la canción.
Canta igualmente en inglés o en castellano, o aún combinando las dos lenguas -o tres, cuando introduce también el francés-en un mismo tema. Pasa con toda libertad del country al folklore italiano con reminiscencias de Nino Rota, de las músicas del Caribe al pop hispánico, del folklore argentino a la bossa nova, del reggae a la ranchera mexicana, del candombe al rap, del samba brasileño al tango, del rock and roll a la cumbia. En algún punto, son varias las relaciones que podrían establecerse entre algunas de sus músicas y las del francés Manu Chao. Sus composiciones no muestran siempre la misma inspiración.
Algunas exhiben una mayor elaboración, textos más ricos y melodías más desarrolladas, otras son apenas estribillos sin mayor relevancia en esos sentidos, pero siempre su voz grave y muy interesante -reforzada por un coro femenino-actúa como si fuera otro instrumento, apelando a los sonidos de las palabras, repitiendo frases a la manera de ostinatos, apuntando a la emoción antes que a la comprensión.
A su banda numerosa, tan multitímbrica como su propuesta y muy eficiente en todos sus integrantes, se suman algunos invitados para el show. Entre todos, presentan un producto sólido que rompe con los moldes conocidos y también con la rutina de mucha «música» que se escucha últimamente.
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