La Bersuit es una banda que ha sabido moverse en un mercado que no tiene lugar para todos, con una música en general muy pegadiza -mezcla de candombe, murga, rock, ska, funk, flamenco y muchas cosas más-que ha entregado montones de melodías a las hinchadas de fútbol, y con letras que podrían engrosar cualquier catálogo de lugares poéticos comunes, frases hechas y muy escasas virtudes literarias. Y lo curioso es que, pese a todas esas limitaciones apuntadas, se han ganado también el respeto de un público y una prensa que eligen, en general, propuestas un poco más trabajadas.
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Tanto, que entre la multitud que estuvo en Obras podían verse, por caso, remeras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, un grupo cuyas letras y músicas están, por cierto, varios escalones más arriba. Pero su habilidad estuvo en explotar el histrionismo y las cualidades mediáticas del cantante Gustavo Cordera, a quien se ha transformado en una suerte de «opinator» de los ambientes rockero y futbolero, y de explotar con mucha inteligencia la censura -según ellos «políticaimpuesta en algunas radios a algunas canciones del anterior álbum, «Libertinaje», que incluía un lenguaje particularmente soez. Con evidentes intenciones comerciales que dieron muy buen resultado, ese disco fue editado con una etiqueta que daba cuenta de que contenía «expresiones que pueden afectar la sensibilidad de ciertas personas».
Así las cosas, y en una línea que profundiza ese álbum, editaron los «Hijos del culo», producido como el anterior por el muy eficiente y profesional Gustavo Santaolalla y presentado el fin de semana en el estadio de Núñez. En el recital estuvieron casi todas las canciones del nuevo disco, pero en el larguísimo concierto de treinta títulos hubo además muchas canciones de «Libertinaje» y de álbumes anteriores. Por la algarabía reinante, parece que a su público le gustó.
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