Sylvia Molloy «El común olvido» (Bs.As., Norma, 2002, 356 págs.)
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Veinte años después de publicada su última novela, «En breve cárcel», Sylvia Molloy -reconocida ensayista y catedrática, radicada hace más de tres décadas en Norteamérica-regresa a la ficción con una historia de subyugante entramado. En ella conviven el Buenos Aires cultural de fines de la década del '40 al '60 con el enrarecido presente de un traductor y bibliotecario gay. Este vuelve a la Argentina con la misión de arrojar las cenizas de su madre al río, pero también para esclarecer, de una vez por todas, su confusa historia familiar.
Daniel reside en Estados Unidos desde que era niño y su visita a Buenos Aires, aunque no es la primera, pone en duda su identidad y distorsiona el mapa de sus recuerdos.
La ciudad se convierte en un laberinto peligroso, plagado de pistas falsas y datos ambiguos. El enigma de la madre, una mujer deslumbrante que vivió para su pintura, seduciendo con su encanto a hombres y mujeres por igual, confronta al protagonista con su propia mediocridad e inconsistencia. Aún cuando Daniel viva algunas situaciones más bien sórdidas, en una ciudad que lo excluye (por gay o por su aspecto de extranjero) o que lo agrede (un taxista le roba, tiene problemas para renovar su pasaporte argentino), la autora logra darle un sentido trascendente a su angustioso peregrinaje.
En más de una entrevista, Sylvia Molloy ha manifestado su interés en trabajar desde el punto de vista del homosexual («En breve cárcel», su novela anterior, partía de un triángulo lésbico) porque esa mirada alternativa «del raro, del marginado» le permite cuestionar lo establecido y arrojar una nueva luz sobre sus limitaciones. «El común olvido» es una apasionante pesquisa por el terreno de la memoria. Al igual que el desdichado Edipo, Daniel descubre, muy a su pesar, que hay verdades que enceguecen y no se soportan, pero ya sobre el final y luego de muchos golpes, adopta una decisión más sabia y equilibrada con respecto a los fantasmas de su pasado.
•Personas enmascaradas
Pasan muchas cosas en esta novela que sobrelleva con humor e ironía las tribulaciones de su protagonista, rodeándolo de personajes bastante pintorescos y en algunos casos entrañables como Cacho, el repartidor de pollos.
La novela también puede ser leída como un roman à clé, ya que el grupo de amigos y ex amantes de la inolvidable Julia constituye un secreto homenaje de la autora al desaparecido mundillo de la revista «Sur». Disfrazados o condensados en un mismo personaje desfilan por sus páginas: Enrique Pezzoni, José Pepe Bianco, Gisèle Freund, Silvina Ocampo y Norah Lange, entre otros intelectuales de la época.
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