9 de julio 2003 - 00:00
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Jim Carrey en "Todopoderoso"
Ocurrió con «Tonto y retonto», de los hermanos Farrelly; de los cinco millones de dólares por su anterior película -«Batman, El regreso»- a ésta, el cachet trepó a los 20 millones. Sólo cuatro años antes cobró 350.000 dólares por ser el detective de animales «Ace Ventura». Hace dos años logró 20 millones más beneficios por el golpe de taquilla de «The Grinch» y ha firmado ya cuatro películas más por 25 millones cada una. La última, que estrenó hace poco en Estados Unidos, fue «Todopoderoso» («Bruce Almighty»), en la que interpreta el papel de un hombre malhumorado y blasfemo, al que Dios (encarnado por Morgan Freeman) le da la posibilidad de tener sus mismos poderes, pero sólo por un día. Dialogamos con él.
Periodista: A usted y a los hermanos Farrelly, por películas como «Tonto y retonto», y a varios más, se los ha acusado de la infantilización del cine y de la idiotización del público.
Jim Carrey: Estoy en completo desacuerdo. La risa, no importa cómo se la logre, alarga la vida. Además creo haber demostrado que puedo ser un actor dramático, tengo dos Globos de Oro por Truman y Andy Kaufman, dos personajes verdaderamente tristes. Quiero hacer de todo, pero mi misión en la vida es arrancar las más sonoras carcajadas posibles.
P.: Y ahora que Dios le da la oportunidad de ser él, a usted sólo se le ocurre ser un sirvengüenza con sus amigos y su novia.
J.C.: Es que el personaje es el de un animador de televi-Jim Carrey con Morgan Freeman en "Todopoderoso", la nueva comedia en la que el actor de "Ace Ventura" debe ser Dios por 24 horas. sión, qué se le va a hacer. Bruce Nolan, un pueblerino egoísta. Vive en la agradable Buffalo, su novia es Jennifer Aniston, ¡y no le hace ni caso! Lo único que lo guía en la vida es ser el gran comunicador televisivo americano [imita a Larry King]. Ese es su dilema.
P.: ¿Es usted religioso?
J.C.: Soy espiritual y rezo. A veces a Dios y otras a la Virgen María. Nací y fui educado como católico, estudié en un colegio irlandés. Pero de eso hace 41 años. De pequeño, rezaba para pedir cosas materiales porque una monjita nos animó, pero en casa siempre fuimos pobres como ratas y me parecía que en el cielo andaban muy ocupados como para atender nuestras plegarias. Nunca nos cayó nada del cielo. Mi padre jamás encontró trabajos dignos y mi madre siempre estaba enferma. Todo esto me sigue pareciendo terriblemente injusto. Supongo que fue mi particular sentido del humor el que me ayudó a sobrellevarlo. Fue muy duro ver morir a mi padre sin que viera mi éxito. Mi madre no tardó en seguirlo, pero pudo ver «La Máscara», «Ace Ventura» y conocer a Cameron Diaz. ¡Se moría por eso!
P.: La leyenda dice que llenó el ataúd de su padre con el dinero de su primer gran éxito económico, «Ace Ventura».
J.C.: Bueno, sí. Quise que mi pobre viejo se llevara algo que yo había conseguido con mi propio..., no voy a decir talento para no sonar pomposo, pero sí don para hacer reír. O chispa. Sé que a él lo hice reír muchas veces. Es todo lo que le pude dar en vida.
P.: ¿Mandaría a alguien al infierno?
J.C.: Algún día que otro me enviaría a mí mismo, porque cuando me pongo insoportable no me aguanto ni yo. Bueno, y cada vez que estreno una película, mandaría al infierno a casi todos los críticos.
P.: La privacidad es casi imposible para una estrella. Se ha casado tres veces, ha tenido romances con mujeres famosas, se comprometió con la actriz Renée Zellweger.
J.C.: Sí, claro. Y los medios no ayudan, precisamente. Cuando me divorcié la primera vez, me retrataron como a un monstruo cruel y egoísta que dejaba a su mujer e hija para no compartir con ellas fama y dinero. Con mi tercera mujer, la actriz Lauren Holly, nos fue mal desde el primer día y sólo duramos 10 meses. El divorcio también fue movidito; esta vez ella se quedó con la mitad de mi fortuna, y, en fin, me he cerrado. Soy un hombre de 41 años que, supongo que igual que el resto de los mortales, busca la felicidad con una mujer con la cual tener hijos y ser enterrados juntos.
P.: ¿Cuál de sus películas prefiere?
J.C.: «El mundo de Andy», de Milos Forman. Fue como disfrutar de una vacaciones en la mansión de Sean Connery, en las Bahamas.
P.: Pero era la más trágica. El drama real del actor Andy Kaufman, que tuvo en contra a casi un país y que murió triste y precozmente.
J.C.: ¡Por eso! Por una parte, me sumergí en él y en el terrible alter ego que se inventó, Tony Clifton. Danny DeVito, que fue íntimo suyo, me regaló sus trajes. Estuve cuatro meses metido dentro de ambos, exigí a todos que me llamaran Andy.



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