17 de enero 2003 - 00:00
Hasta el cine condicionado puede ser una pieza de museo
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Fernando Kabusacki
Por supuesto, en las funciones del fin de semana pasado se aclaró que era material condicionado sólo para adultos. Fernando Martín Peña anunció cada función explicando, con franqueza, que «la gente a veces cree que por ser antiguas, o mudas, estas películas son inocentes como una comedia de Chaplin. No: van a ver pornografía, la gente de antes hacía las mismas cosas que la de ahora. Sólo que con un poco más de amateurismo, humor y sin esa cosa neumática tan común en la industria condicionada moderna».
•Música
El toque de distinción de las funciones, que cambia totalmente el clima de una exhibición de este tipo, es la música en vivo, interpretada por una banda de sonido fuerte y eléctrico liderada por el virtuoso guitarrista Kabusacki (a punto de irse de gira a Europa con Robert Fripp, Kabusacki también está en el Malba este fin de semana interpretando en vivo la música del excelente film de animación experimental «The Planet», dirigido por Pablo Rodriguez Jauregui).
«Al principio pensamos en tocar desnudos. Pero después creímos que sería un poco incómodo, y de todas maneras la gente mira la pantalla y nosotros estamos a oscuras», bromeó Kabusacki. Tanto a Peña como a los músicos, que vienen orquestando cine mudo clásico desde los '90, logrando hitos como las funciones del «Nosferatu» de Murnau en el Atlas Recoleta, les costó decidir si tenía algún sentido ponerle música a cortos pornográficos de los tiempos de «Caras y Caretas».
Luego de la duda inicial, Kabusacki entendió que «finalmente los cortos porno son mudos, y hasta ahora todo el material mudo programado en el Malba contó con la National Film Chamber Orchestra, y no había ningún motivo para no musicalizar un film discriminandolo por su género. Entonces el asunto se convirtió un desafío: acabamos de editar el disco con la musicalización del «Fausto» de Murnau, por lo que pasar de eso a cortometrajes porno antiguos es un ejercicio en eclecticismo musical realmente interesante».
La decisión fue correcta, ya que los sonidos crispados y el ritmo vertiginoso de la National, al no parecerse en nada a la habitual música de confitería de los films XXX, le da un toque vanguardista a la proyección. De hecho, el público espontáneamente optó por aplaudir al final de cada cortometraje celebrando cada composición musical. Y también la película, claro, sólo que en este sentido los aplausos festejaban los mejores momentos a lo largo de cada film.
«Conte de Noel», todo un clásico del «stag» francés de comienzos de los '50, traducido como «Cuento de Navidad» se llevó varias ovaciones, en especial al verse una sofisticada bicicleta que Papa Noel le regala a unajovenansiosa. Otro gran éxito, con aplausos y carcajadas, fue un film mexicano con un joven disfrazado de un personaje tipo «El chavo».
Una de las películas más «míticas» en programa es «La mujer del cuadro», con el protagonismo de una de las pocas estrellas conocidas en Francia en esos tiempos, Clio Clítoris. En general, las películas más imaginativas son las francesas. Las americanas son más sórdidas (como «Smart Alec», con la bailarina amante de mafiosos Candy Barr) y las mexicanas y argentinas suelen tener un humor menos sutil.
Igual que Cuba o México, la Argentina era uno de los mayores productores de cine porno ilegal. En la Argentina existía una enorme industria prostibularia que potenciaba las «stag movies», tanto para la distribución de films extranjeros como para la producción local, y tanto aquí como en todo el mundo los sets de rodaje eran siempre los burdeles.
En el Malba se pasa «El ladrón», también conocida como «Haz bien sin mirar a quien», que incluye la leyenda urbana acerca de que su protagonista era una ingenua vendedora de la antigua Tienda La Piedad que, mortificada cuando los clientes la reconocían del film, terminó suicidándose. En cambio «La hora del té» es un crudo film de los años '30 que podría ser francés, español o argentino. Los intertítulos abundan en lunfardo porteño, incluyendo malas palabras actuales mezcladas con una jerga que ha quedado perimida y no se entiende del todo. Esos textos tienen una rima no demasiado sutil pero muy eficaz, con una poética del tipo «el jardinero vio el agujero/ y se mandó entero». Más acostumbradas a ver a Emma Thompson tomando el té en una película de James Ivory, algunas señoras elegantes del público rieron con estas rimas, enriqueciendo literariamente las peores -o mejores-escenas de la función. Pero la carcajada general detonó en el mayor climax de la noche: una vez que todos terminan el té sosegadamente, en el cartón se lee: «Y aquí termina la historia/ de este gaucho perseguido». Eso sí que es un buen ejemplo de viveza criolla.



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