26 de diciembre 2003 - 00:00

"Hoy el mundo es de una hostilidad irrespirable"

Hoy el mundo es de una hostilidad irrespirable
NuevaYork - La voz quebrada de Billie Holliday recorre la última película de Woody Allen, «Anything Else», donde consigue revisar, y también darles una nueva vuelta de tuerca, a sus obsesiones de siempre: el sexo, la muerte, el judaísmo, la neurosis, la enfermedad y la creación artística. En su película número 33 en 35 años, desde «Robó, huyó y lo pescaron» (1969) y cuando ya cumplió 67 años, no abandona el territorio de la comedia en la que ha permanecido en sus últimos tres títulos: «Ladrones de medio pelo» (2000), «La maldición del escorpión de Jade «(2001) y «La mirada de los otros» (2002). En «Anything Else», Allen le cede el protagonismo a Jason Biggs, una celebridad mundial gracias a un nuevo uso de la tradicional tarta de manzana que ejecutó en el film adolescente «American Pie». Biggs interpreta a un aspirante a cómico, Jerry Falk, agobiado por el agente más torpe de la profesión, Harvey ( Danny DeVito, casi en el papel de la madre judía castradora de la mitología alleniana), enamorado de la frívola manipula-dora Amada ( Cristina Ricci), que busca la figura paterna y consejero áulico en David Dobel, el mentor neurótico, que interpreta Allen.

Periodista: Dobel
aparece como el personaje más radicalmente neurótico y paranoico de toda su obra.

Woody Allen: Creo que Dobel ha sorprendido porque es una intrigante variación de la norma, es decir, de lo que el público cree esperar de cada una de mis películas. Es un pedagogo y escritor de comedia frustrado, un defensor de las armas, obsesionado por ciertas teorías de conspiración permanente, poseedor de unas muy bizarras nociones acerca de los nazis, explica unas muy originales ideas acerca del antisemitismo en Estados Unidos. Tampoco tiene ideas positivas del psicoanálisis. Incluso al final de la película es un hombre de físico enclenque que se atreve a establecer una confrontación violenta con dos ursos.


P.: ¿Dobel
representa el espíritu de Nueva York tras el trauma del World Trade Center?

W.A.: En realidad, del mundo entero. Estamos viviendo todos en un particular estado de tensión en este momento. Pero, cada día que pasa, esta tensión se incrementa y exagera de forma ilimitada. El personaje que interpreto en esta película es una especie de paranoico, producto del miedo global que han erigido sobre nuestras cabezas y del camino equivocado que determinados gobernantes incompetentes han tomado. Y la dirección que ha tomado el mundo no me agrada en absoluto. La hostilidad es irrespirable.


P.:
Tras la agria ruptura con su productora Jean Doumanian, ha dirigido tres películas para DreamWorks de Steven Spielberg, relación que también ha finalizado, y por primera vez que crea su propia productora, «Perdido».

W.A.: Sí, es el nombre de una de mis calles favoritas de Nueva Orleans. Pero no me ocupo personalmente de ella, sino que lo hace mi hermana Letty Aronson, que sabe realmente manejarse con las cifras, los estudios y los hombres de negocios. Ella establece los vínculos contractuales con los distribuidores de cada país.


[Desde el el 6 de noviembre, filma su película 34, «Untitled Woody Allen Fall Project», para la rama independiente Searchlight, de la Twentieth Century Fox. Allen describe con sorna su próximo trabajo: «es una historia contemporánea, en color, una comedia protagonizada por actores jóvenes. Sí, ya sé, de nuevo una comedia. Pero es que por el momento no me propongo rodar un drama medieval y metafísico en blanco y negro.Además, encontrar la financiación para semejante proyecto sería sumamente complicado»].

P.:
¿Para cuándo esa película?

W.A.: Tengo 67 años de los que me he pasado 35 rodando. Espero vivir mucho porque mi padre murió con 100 años, así que estoy tan sólo en el segundo tercio de mi vida y tengo tiempo por delante para hacer todavía unas cuántas. Me gustaría... espero que suceda... hacer una gran película. Sería algo magnífico. Me gustaría que a lo largo de lo que me queda de vida pudiera hacer una película de la magnificencia de «Rashomon» o de «Las reglas del juego», de «La gran ilusión» o de «El Ciudadano». Querría que un día en un cine de barrio proyectaran una sesión doble con «Ladrón de bicicletas» y esa película que aspiro realizar.

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