"Hoy en la Argentina todavía pelean unitarios y federales"

Espectáculos

H ace una década el norteamericano Nicolás Shumway, director de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas, publicó «La invención de la Argentina. Historia de una idea» (Emecé), obra en la que investigó, a través de las ideas rectoras de nuestros próceres, los avatares de la búsqueda de una identidad nacional y un lugar entre las demás naciones del mundo. Una nueva edición corregida de su obra, nos llevó a hablar con el académico en su breve visita al país.

Periodista: ¿Pensar sobre la Argentina le permitió pensar sobre Estados Unidos, su país?


Nicolás Shumway:
Dicté una serie de conferencias, algunas de las cuales se convirtieron en artículos, sobre «La invención de los Estados Unidos». Esto surgió cuando me convocó la Universidad de Sao Pablo para que dictara un curso en un programa Fulbright. Me pidieron aplicar la idea de «La invención de la Argentina» a los Estados Unidos. Si bien soy norteamericano, era muy ignorante de la historia de mi país. Esto me dio la oportunidad de estudiar y leer a fondo sobre gente análoga a la que había estudiado en mi libro sobre la Argentina. Ahora me siento más capacitado para hacer comparaciones entre los dos países.

P.: ¿Ver un país ajeno le permitió ese acercamiento al propio?


N.S.:
Me estimuló en muchos sentidos. Publico ahora un libro sobre el pensamiento de la independencia en varios países americanos: Argentina, Brasil, México y los Estados Unidos, que tienen muchos puntos de contacto porque todos surgen del mismo ideario liberal, pero también hay grandes diferencias.

P.: ¿Cuales serían esas diferencias?


N.S.:
En Estados Unidos ese discurso liberal, del iluminismo, es muy importante en la formación del país. Y particularmente en el grupo de los virginianos, Jefferson, Madison, Washington, etcétera, muy influidos por esas ideas. Pero también entró el discurso puritano, protestante, de la Reforma, que curiosamente es otro tipo de liberalismo, porque el protestantismo era de algún modo una democratización de la Iglesia y decide inventar sistemas de gobernar que sean representativos de los deseos de la congregación. Esas ideas son importantes. Se ve en la época colonial, fundamentalmente en Nueva Inglaterra, pero luego se siguen difundiendo y siguen figurando en el discurso nacional del país. Eso no pasa en América Latina, el discurso católico se ha visto como opuesto al ideario liberal. En el siglo XIX liberal era mala palabra para el catolicismo.

P.: Se lo unía a la Masonería...

N.S.: La Masonería fue muy importante en estos países, y en Estados Unidos también. Tenía un discurso democratizante que impulsaba la igualdad de las personas. La Masonería en América Latina fue vista con malos ojos por la Iglesia. En cambio en Estados Unidos no era combatida, no le costó nada a Washington ser un hombre de la Iglesia a la vez que masón.

Falta de consenso

P.: Usted estudió las «ficciones orientadoras», esos relatos que sirven para hacer creer un destino como nación, en el siglo XIX de nuestro país. ¿Hoy siguen siendo las mismas?

N.S.:
Se destacaba en aquella época la falta de consenso y, hasta cierto punto, la imposibilidad del consenso porque se están hablando de distintas historias, de distintos panteones de héroes. Aquella dificultad de conseguir un consenso sigue siendo un problema de la Argentina, como se está viendo. Parece que muchos grupos tienen el poder para vetar, pero nadie para gobernar, y eso crea una especie de parálisis.

P.: Durante los gobiernos de Menem comenzaron a integrarse ideas hasta entonces opuestas como liberalismo y rosismo. ¿Usted sigue viendo como vigente ese tipo de polaridades?


N.S.:
Algo que me llama muchísimo la atención es el poder que tienen los gobernadores en las provincias. El politicólogo Javier Corrales, habla de la Argentina como la «cuatrocracia», porque a los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial suma el de los gobernadores. Los gobernadores están negociando con el gobierno federal como si fueran un segundo cuerpo legislativo. Esto indicaría que ese Pacto Federal entre las provincias y Buenos Aires, que fuera tema de debate en el siglo XIX, aún no se ha resuelto. No se ha resuelto como estructurar el país con conflictos de provincias versus la capital.

P.: En Estados Unidos tuvieron el enfrentamiento Norte-Sur...


N.S.:
En la historia de Estados Unidos no hay ningún equivalente a la ciudad de Buenos Aires ni a la provincia de Buenos Aires, y esto desde los tiempos coloniales. No hubo un solo foco de poder. Eso se ve hasta hoy. Nueva York es una ciudad muy importante en la cultura, pero no es la ciudad que domina la economía del país. Y no hay una ciudad que domine realmente la economía del país.

Tampoco no hay un centro político que domine el país. Washington como ciudad no tiene ningún poder en la estructura socio económica que se desarrolla más allá de las ideas. EE.UU. opta por un sistema auténticamente federal porque no hay más remedio. La idea de una ciudad y una provincia como Buenos Aires, que dominara el país, sencillamente no existe.

P.: ¿Diría que no hubo un enfrentamiento de unitarios y federales en los EE.UU.?


N.S.:
Tuvimos un partido muy parecido al Unitario, con ideas y actitudes muy semejantes, graciosamente se llamaba Federal Party, y no tenía nada que ver con el federalismo porque era absolutamente centralista y elitista. Pero perdieron con Jefferson y quedaron fuera del poder. Y desaparecieron definitivamente luego de una malísima presidencia. El equivalente de los unitarios, perdieron en los Estados Unidos. En cambio, en la Argentina la idea unitaria ganó. Olegario V. Andrade, en su magnifico ensayo «La dos políticas», sostiene que unitarios y federales no es la real división, que hay un partido de las provincias y un partido porteño, que a veces se llamaba unitario, y a veces, federal. En cuanto al deseo de que Buenos Aires fuera el centro del país, Rosas y Mitre realmente eran aliados, eran de la misma tendencia.

P.: Paul Auster sostiene que hoy, cuando Estados Unidos gobierna el mundo, es cuando menos le importa el mundo...


N.S.:
Es una vieja crítica en Estados Unidos, un país que tiene poderes imperiales y nunca ha tenido una política imperial. Eso se nota respecto a América Latina. Yo me siento incómodo con la aparente indiferencia que hay en la Casa Blanca respecto a la situación de la Argentina en estos momentos. Argentina, evidentemente, es el caso más grave, pero el problema de la deuda externa alcanza a muchos países latinoamericanos. Una política inteligente trataría de crear mercados y no achicar el capitalismo acá. No se debe temer el contagio de la crisis, sino la decepción hacia el modelo liberal y democrático, y la irrupción de populismos «redentores». Esta situación posee una dimensión humana que tendríamos que tener en cuenta, la tragedia que este colapso representa para millones de argentinos, el desempleo y la pobreza abrumadora. Se podría explicar nuestra actitud por los acontecimientos del 11 de setiembre, que llevaron a que la política exterior dejara paso a una de integración nacional. Ha llegado el momento de mirar más allá del problema de la seguridad nacional. Obviamente no soy íntimo de Bush y no se que razones puede haber en la Casa Blanca sobre todo esto.

Dejá tu comentario