15 de abril 2002 - 00:00
"Hoy urge revisar la responsabilidad ética de la ciencia"
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Carlos Gandolfo
Periodista: ¿Qué es lo que más lo impactó de la obra?
Carlos Gandolfo: Su increíble actualidad. A mí me impactó mucho el acontecimiento del 11 de setiembre en Estados Unidos; lo vi con horror. Creo que el mundo cambió a partir de ahí, ahora es mucho más peligroso y cada vez más cercano al que muestra el autor de «Copenhague». Con la guerra de Medio Oriente estamos viviendo al borde de una catástrofe. Muchos países de los que están ahora en conflicto poseen la bomba atómica y a esto se suman las nuevas declaraciones de Bush quien halba de construir bombas atómicas más chiquitas, que en vez de cien mil maten a cincuenta mil personas. ¡Una locura!
P.: ¿Usted cree que los científicos de hoy se preocupan por la ética o por la dignidad humana?
C.G.: En realidad, nosotros no lo sabemos, pero hoy la ciencia sigue avanzando y los conflictos relacionados con la ética parecen provenir fundamentalmente del campo de la genética, el tema de la clonación, por ejemplo. Los científicos se hacen preguntas éticas, pero, claro, viven apasionadamente su profesión y a la hora de ponerse a trabajar son seres humanos, tienen debilidades, miedos y un gran ego. Ellos siempre quieren ser los mejores y compiten entre sí como ocurre en la obra con estas dos mentes tan brillantes. Heisenberg recibió el Premio Nobel de física a los 26 años. Era de una inteligencia prodigiosa, lo mismo que Bohr. Lo interesante es ver cómo estas dos mentes tan extraordinarias a la hora de plantearse problemas humanos son tan débiles como nosotros y atraviesan conflictos que no saben cómo resolver.
P.: Heisenberg y Bohr cruzan acusaciones durante toda la obra sin que quede claro su grado de culpabilidad o inocencia.
C.G.: Es muy interesante lo que plantea la obra con respecto a la culpabilidad porque, veamos, si uno mira nuestro país «tan destruido y deshonrado», como dice Heisenberg, tenemos que pensar que no hay un único culpable, sino que todos somos responsables de cómo está hoy la Argentina. La Segunda Guerra Mundial nos parece algo ajeno y la gente joven no tiene ni idea de lo que fue. En aquella época nos convertimos en el «granero del mundo», pero hoy todo cambió, si hay una guerra no nos salvamos. La obra plantea esta posibilidad pero por otra parte tiene mucho humor y esto hace que todo sea más digerible.
P.: Además está llena de anécdotas y chistescientíficos.
C.G.: Sí, eso ayuda a que el público pueda acceder a cuestiones teóricas muy complejas como el comportamiento del átomo descrito por Bohr o el principio de incertidumbre que formula Heisenberg. Felizmente, hoy los temas científicos están mucho más difundidos que antes. Uno lo ve cuando recorre librerías o en programas de televisión. Michael Frayn utilizó una brillante estrategia al poner en escena a Margarita, la esposa de Bohr, porque todo lo que ellos discuten tratan de traducirlo a términos lo más sencillos posibles para que ella los entienda.
P.: La obra muestra a Bohr como un hombre profundamente bueno, pero Heisenberg lo acusa de haber contribuido al lanzamiento de la bomba de Nagasaki. ¿Es cierto eso?
C.G.: Es cierto. Todo lo que se plantea en la obra es verídico. El autor, además de haber estudiado física consultó una bibliografía inmensa. Muchos textos de la obra fueron extraídos de la autobiografía de Heisenberg. Afortunadamente, el encuentro de Copenhague terminó mal porque si ellos hubieran podido hablar abiertamente de lo que tenían que hablar, Hitler habría tenido la bomba antes que Estados Unidos y hoy todos estaríamos haciendo el saludo nazi.
P.: A una de las funciones previas al estreno asistió un grupo de cientíticos. ¿Qué dijeron de la obra?
C.G.: No pude hablar con ellos, vinieron invitados por Juan Pablo Paz, un profesor de la Universidad de Buenos Aires que nos asesoró sobre cuestiones científicas. Sé que la obra fue vista en Estados Unidos por el hijo de Bohr y también por otros científicos. Algunos la aprobaron, otros la cuestionaron, por eso el autor tuvo que aclarar en una carta muy larga que su pieza no pretendía hacer historia ni reproducir a los auténticos Bohr y Heisenberg. Eso sería imposible, además lo que a él le interesaba era recrearlos como criaturas dramáticas. Paz me hizo un comentario muy bueno, dijo que los actores hablaban en términos científicos como si supieran, que se les creía todo.




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