1 de noviembre 2002 - 00:00
Imperdible muestra de maestros rioplatenses
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«Artistas Modernos Rioplatenses» permite establecer relaciones entre las obras, ubicar a los artistas en el contexto europeo, comprender cómo absorbieron las ideas dominantes y la libertad con la que cada uno de ellos desarrolló un camino propio. Estos artistas viajaron. París, Roma, Florencia, Mallorca, Munich eran metas para completar sus estudios.
Patricia Artundo, autora del ensayo «El viaje dentro del viaje, o sobre la transitoriedad de los lugares-destino», señala que el concepto de viaje estético cobra una dimensión más compleja. Es el ida y vuelta, es el mirar desde Europa hacia sus respectivos países y repensar la realidad americana, el Nuevo Mundo, lo que marca, en cierta forma, el retorno a la patria de origen. La exposición incluye un importante número de revistas, libros ilustrados, afiches y documentos en los que especialmente Norah Borges y Barradas desarrollaron una intensa actividad como ilustradores.
En 1920, Pablo Curatella Manes que ya había viajado tres veces a Europa, se instala en París donde estudia con Bourdelle, pasa por el atelier de André Lhote, frecuenta a Picasso, Lipchitz, Leger, Gleizer, Gris. La dinámica, la conquista del espacio, su comprensión moderna de la forma arquitectural, planos de luz y sombra caracterizan la obra del período 1920/26, como lo reflejan «El hombre del contrabajo» (1922), «Ninfa recostada» y «El guitarrista», ambas de 1924, entre otras piezas significativas.
En 1924, Xul Solar y Emilio Pettoruti regresaron a Buenos Aires en el vapor Vigo. Sus vidas estuvieron ligadas desde un encuentro casual para Pettoruti pero no para Xul en un café frente a la catedral de Florencia en 1916. Bien pensó Pettoruti que «con el tiempo su obra se irá valorizando, cuando se eduque el gusto de los públicos, ya que su pintura no es común ni fácil de ser clasificada en un casillero equis».
Se exhibe, entre otras importantes obras, «Vallombrosa» (1916), los mosaicos «Meditazione» (1915), realizados en Florencia, «La grotta azurra» (1918). Pettoruti va a Roma y Xul a un pequeño pueblo hasta su reencuentro en Milán donde hacían tarjetas postales para poder comer. En su libro «Un Pintor Frente Al Espejo», Pettoruti confiesa que 1920 fue un año próspero y de gran actividad; de ese año es «El pintor argentino Xul Solar» en el que ya demostraba su obsesión lumínica. Ingresar en el mundo de Xul Solar es hacerlo también en el universo de Borges cuya amistad constituyó un tema mítico, así como los diálogos entre ambos, un verdadero torneo de erudición en varias lenguas, inclusive el neocriollo, inventado por Xul.
Esta muestra que estará abierta hasta el 27 de enero de 2003, permite reflexionar desde una óptica innovadora acerca de la importancia e influencia de estos artistas fundamentales.


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