9 de septiembre 2005 - 00:00

Impiden otra vez concierto de Argerich en el Colón

Gustavo López
Gustavo López
La conflictiva situación en el teatro Colón llegó ayer al borde de las agresiones físicas, cuando representantes de ATE (que controlan al personal artístico del teatro) forcejearon por la tarde con jóvenes miembros de la Sinfonietta Argerich, compuesta por becarios de la Fundación, que estaban ensayando junto a la famosa pianista con el fin de sustituir a la Orquesta Filarmónica en huelga para el nuevamente frustrado concierto de la noche.

Una situación de esta naturaleza no tiene antecedentes en el Colón. El Secretario de Cultura Gustavo López, desbordado por el conflicto, dijo ayer a este diario que «además de los descuentos por ausentismo, se aplicarán todas las sanciones que prevé la ley por esta conducta. Esto es vergonzoso, incalificable». Mientras ingresaba a la conferencia de prensa que ofreció ayer Aníbal Ibarra, López alcanzó a agregar que «estoy planeando una reprogramación de todas las actividades en el Colón, de manera tal que la Filarmónica y la Estable podrían llegar a quedarse sin tocar en lo que resta del año». El funcionario concluyó: «este paro no obedece a razones económicas. Es puramente político. Los salarios ya fueron debidamente aumentados a lo largo de estas paritarias, de modo que esta acción persigue otros fines».

La temperamental Martha Argerich, que posiblemente no vuelva a pisar el Colón por mucho tiempo, no habrá de olvidarse de la tarde de ayer. Harta de las asambleas, paros y quite de colaboraciones, en primer lugar de los técnicos y ahora de los músicos, decidió convocar a sus fieles instrumentistas de la Sinfonietta creada por ella para que suplantaran a la Orquesta Filarmónica en el concierto de la noche, y poder cumplir así con su compromiso con el público abonado al Festival. Pero no pudo ser. Los gremialistas no sólo llegaron a forcejar con los jóvenes músicos sino que amenazaron con actos de violencia como «tomar el escenario» de la sala mayor si el concierto se realizaba, y si así se decidiera en asamblea.

Más temprano, aunque otra vez inútilmente, el gobierno de la ciudad volvió a imponer la «conciliación obligatoria» en el conflicto. Después de los incidentes, una cansada Argerich, con gestos de hartazgo, confirmó en conferencia de prensa su decisión de suspender el concierto, y anticipó que el próximo, previsto para el sábado en el teatro Colón, será realizado en otra sala. Muy penoso.

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