11 de junio 2001 - 00:00
Ingrid Pelicori emprende un "viaje a la identidad"
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Ingrid Pelicori
Periodista: ¿Qué tratamiento recibe el tema del Holocausto en esta pieza?
Ingrid Pelicori: La obra tiene la estructura de un policial, pero la temática de fondo tiene que ver con las huellas y heridas que, a más de cincuenta años de ocurrido el Holocausto, aún no terminan de cerrarse. Pasan los años y siguen ocurriendo cosas en relación con estos horrores de la humanidad que son como una especie de agujeros negros. Como lo fue el gobierno militar para los argentinos. El tema de la obra tiene muchas resonancias para nosotros, sobre todo en relación con el tema de la identidad. Mi personaje nació en el gueto de Varsovia y, enseguida, fue adoptada por otras personas, no judías. Descubre su identidad tardíamente y, a partir de ahí, se conecta también con un pasado marcado por el horror. Es inevitable que el espectador argentino se sienta conmovido con esta historia.
• Antagonismo
I.P.: No quisiera pormenorizar el argumento, pero voy a tener que anticipar algunos datos para que se entienda de qué estamos hablando. No se trata de un simple policial. Juana Hidalgo es Sofía, la autora de «Un muro entre nosotros», un libro que logró un éxito tremendo en todo el mundo y la hizo millonaria. Pero ese libro es el único que escribió en su vida. Mi personaje, Irene, vive en Canadá (las dos somos polacas) y a los cuarenta y pico decide ir a visitar a la escritora en su casa de Praga. Irene está obsesionada con el libro, porque siente que tiene mucho que ver con su historia. La novela está escrita en forma de diario y parece el testimonio de alguien que estuvo en el gueto. Cuando Irene le nombra a su madre, la escritora le revela que la conoció y que ambas fueron muy amigas. Después, se va descubriendo que Irene sabe -porque acaba de descubrir una copia dentro de un bolso con doble fondo- que, en realidad, ese diario perteneció a su madre y que la escritora simplemente lo copió. De ahí en más, cada una hará su descargo, porque la escritora también tiene sus razones para haber actuado como lo hizo.
I.P.: Lo interesante de la obra es que, además de mantener cierto suspenso, va modificando el punto de vista del espectador. Uno piensa que los personajes son de un modo y que sus papeles están muy repartidos, pero a medida que avanza la obra, se va viendo que debajo hay otra realidad. Para nosotras, fue muy interesante trabajarlos actoralmente, porque cada uno esconde cosas que se van revelando muy de a poco. La obra plantea cuestiones relacionadas con la ética, y una de sus ideas clave es que, en situaciones tan inhumanas como las que ocurrieron durante el Holocausto, es muy difícil ser humano. Porque el odio y el resentimiento que pueden generar estos actos también corren el riesgo de convertirlo a uno en inhumano.
P.: Usted perteneció al elenco estable del San Martín hasta el momento de su disolución y luego siguió manteniendo su carrera dentro de esa misma línea. Nunca trabajó en obras frívolas o livianas ¿Fue una elección consciente?
I.P.: El trabajo del actor está tan al borde que se puede vaciar de sentido con mucha facilidad. A mí siempre me interesó involucrarme en proyectos que me dieran la oportunidad de investigar diferentes aspectos de la condición humana. Esos temas tan difíciles de digerir y elaborar, como el Holocausto en este caso, son precisamente los que más me interesan. En estos momentos, estoy trabajando también en el ciclo «Teatro por la identidad», con un texto poético de María Mascheroni que dirige Susana Torres Molina. Uno siempre sueña con que el teatro sirva para algo, y proyectos como éstos me hacen sentir orgullosa. Cada vez que pienso en ellos, me digo: «Bueno, para esto quería ser actriz».



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