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Al igual que otras ferias, la de Córdoba cambió mucho desde su primera edición, tanto en el criterio de montaje que hoy se observa riguroso, como en la selección de obras presentadas, que incluye las más innovadoras expresiones contemporáneas. Sin acto de inauguración, discursos durante el vernissage, ni funcionarios tratando de capitalizar el acontecimiento, este escenario del arte cordobés tiene un clima distendido, como el de una fiesta familiar.
Los principales actores son los artistas, que desempeñan su papel sin agentes de prensa ni forjadores de imagen que interfieran en su relación con un público numeroso que, en general, los conoce y los vio crecer. La feria está organizada por la Asociación Civil Arte Córdoba que dirige Participan este año 25 gale-rías y cinco espacios alternativos que llegaron de todo el país y del exterior. Entre los más interesantes figura el Centro Cultural Rougés de Tucumán, que trae la mitología norteña, o VOX, un grupo de autogestión de Bahía Blanca, luego las porteñas Arcimboldo, Forma, Elsi del Río, Sonoridad Amarilla y las cordobesas Latin American Art Museum, Marchiaro, Vía Margutta, Praxis, María José Granillo, Efrén Artero y Sonia Leavy, que supieron brindarle impulso al mercado de arte local.
A los coleccionistas locales se suman los porteños Aníbal Jozami y Gustavo Bruzzone, que recorren la feria tratando de descubrir las figuras descollantes de la nutrida producción cordobesa.
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