«Italiano para principiantes» («Italiensk for begyndere», Dinamarca, 2000; habl. en danés e italiano). Dir.: L. Scherfig. Int.: A. W. Berthelsen, A. Stovelbaeck, P. Gantzler, A. E. Jorgensen y otros.
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N o debe prestársele mayor atención al letrero con el que se abre esta agradable comedia danesa, un certificado de cumplimiento con las reglas del «Dogma». Es algo así como la boleta paga de Alumbrado, barrido y limpieza que el cine danés exportó para lograr cierta prensa y ganar algún premio secundario en algún festival, pero afortunadamente esta es una película para el público. Es verdad: hay cámara en mano, la música no es incidental, etc., aunque nada de eso fastidia ni distrae.
Es más, el espíritu de esta película no se aparta demasiado del mismo que durante muchos años alimentó la «fantasía italiana» de la comedia americana tradicional, cuando el remedio para melancólicos ciudadanos de países fríos y tecnificados eran tarantelas, piazzas y fontanas. «Italiano para principiantes» es el Dogma que quería vivir.
La dirigió una mujer, Lone Scherfig, poco proclive según parece al «voto de castidad» de los cineastas dogmáticos. Sus seis personajes no buscan un autor sino, con mayor o menor grado de dificultad o torpeza, alguien a quien amar y por quien ser amados.
El ambiente es parroquial: un hotel de huéspedes, una iglesia, una panadería, una peluquería y, sobre todo, un aula para actividades comunitarias, donde la más requerida es el aprendizaje del italiano, lengua llena de promesas y capaz de suavizar inhibiciones.
Componen el sexteto el pastor Andreas, viudo reciente; el administrador del hotel, casto de verdad, a su disgusto; el encargado del restaurant, fanático y violento, más adecuado a «La Parolaccia» que al luteranismo danés; una moza, italiana en serio; una panadera con problemas con su padre y una peluquera que los tiene con su madre. Las situaciones que se tejen y destejen entre ellos y a su alrededor no excluyen ni el humor negro ni la emoción.
Sabor
Esa multiplicidad de climas, surgidos del ingenioso guión que escribió su misma directora, le confiere a «Italiano para principiantes» un sabor especial, como si se tratara de una película en cuya eventual «remake» americana podrían participar cómodamente Hugh Grant y Julia Roberts, suprimiéndole por supuesto las partes Bergman, que las tiene.
El film estuvo a punto de ingresar entre los cinco candidatos al Oscar extranjero (integró, con «La habitación del hijo» de Nanni Moretti y «Detrás del sol» de Walter Salles, la lista de los que se quedaron en el umbral), y sólo pudo haberle jugado en contra ese espíritu liviano, de comedia, que parece letal para la preselección de la Academia de Hollywood aunque levante el ánimo del público. Algo huele muy bien en Dinamarca.
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