22 de enero 2014 - 10:20
Karina K recorre el camino hacia el final del arco iris
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Karina K, en la piel de Judy Garland, en “Al final del Arco Iris”, la obra que examina los últimos y turbulentos meses de vida de la actriz de “El mago de Oz”.
P.: ¿A qué hace referencia el título de la obra?
K.K.: Como dice la canción de "El mago de Oz" ("Over the rainbow") ella sueña con un lugar donde disfrutar del descanso y la felicidad que no puede tener en este mundo. Pese a su éxito tuvo una vida muy difícil. Muere accidentalmente de una sobredosis a los 47 años y su aspecto era el de una mujer mucho mayor.
P.: ¿Por qué fueron tan aclamados sus shows en vivo?
K.K.: Por su capacidad emocional que era mucho más intensa y versátil que la de cualquier otra figura de la época. Eso la convirtió en uno de los referentes más importantes del cine y de la actuación en musical. Era cantante, actriz, bailarina... todo lo hacía bien. Ella inauguró el one-woman show acompañada por grandes orquestas. Incluso cambió el estilo vocal de la época que era más nasal y más prolijito y le aportó una mayor visceralidad. En sus presentaciones contaba anécdotas de su vida y de su paso por el cine, además de cantar temas de sus películas. Fue la precursora de un formato que después cultivaron Barbra Streissand y otras estrellas.
P.: ¿Qué episodios de su vida aparecen en la obra?
K.K.: Hay referencias a su madre, a la que acusó de haberse apropiado de sus ganancias. También habla de sus maridos anteriores (Deans fue el quinto y último), de sus amigos más famosos, de su complicada relación con los directivos de la Metro y de sus grandes protagónicos en "El Mago de Oz" y en "Nace una estrella". También recuerda el papelón que hizo en Melbourne, donde el público la agredió por llegar una hora tarde al recital y en estado de ebriedad. En Australia la amaban, pero no le perdonaron ese desliz. Por eso quiere recuperar en Londres su perfil de estrella y se ve tironeada por dos hombres que la aman sin saber cómo ayudarla. Ella siempre dijo que recibía más amor del público que de sus parejas. Su conducta irregular y su inestabilidad emocional hacían que no le durara ninguna relación.
P.: ¿Era un triángulo amoroso?
K.K.: No. El pianista fue un amigo muy fiel con el que Judy armaba su repertorio. El la acompañaba a casi todos sus shows y sentía adoración por ella. Pero era un amor platónico, porque Anthony era gay.
P.: Garland lo dio todo en el escenario y terminó llena de deudas y con la salud quebrantada.
K.K.: Por suerte el autor no cae en la moralina de mostrarla como una artista que no pudo superar sus adicciones y debilidades y terminó mal. Dentro de lo patético de la situación, la obra tiene momentos muy cómicos. Le esconden las pastillas pero ella siempre se sale con la suya y se burla diciendo: "Vine esquivando tipos como ustedes toda mi vida". Garland fue una artista fuera de serie, sensual y multifacética, pero no tenía control sobre sí misma. En el único lugar donde se sentía segura era arriba de un escenario. Ese era su espacio de supervivencia. Mientras el público la idolatrara ella se sentía capaz de prolongar su vida. Cantaba con las entrañas y tenía el don de tocar una cuerda muy sensible en el corazón de los mortales. No hay persona y no hay generación que no se conmueva con Judy Garland.
Entrevista de Patricia Espinosa


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