14 de febrero 2003 - 00:00

La Berlinale, cada vez más política

La Berlinale, cada vez más política
Berlín - El Festival Internacional de Cine ya está en la cuesta final. Todavía puede haber sorpresas en la competencia oficial, que este año ha sido muy pareja, con fuerte presencia europea, norteamericana, china y japonesa. Como siempre, el contexto político en el que se desenvuelve la Berlinale es tan interesante como el festival mismo. Este año, como ya adelantamos, el marco lo da la crisis internacional desatada por la firme posición norteamericana -que en Europa, salvo Gran Bretaña, no se comprende ni apoya -con respecto al gobierno de Irak.

En conferencia de prensa, el siempre polémico cineasta estadounidense Spike Lee, que presentó «La hora 25» en la sección oficial, se sumó a los que se oponen a una guerra criticando sin tapujos al gobierno de su país y al presidente Bush, quien, dijo, «llegó a la Presidencia a través de un tejemaneje electoral».

El espíritu político del festival se ha hecho explícito este año en el lema «Hacia la tolerancia», que se ve en las carteleras, pósters y anuncios desparramados por la ciudad. Es uno de los criterios de selección prevalentes en todas las muestras del festival.

La Berlinale, sin embargo, funciona como una burbuja con vida propia, intensa, donde la realidad exterior se pone entre paréntesis por unos días (ayer, por caso, hubo un home-naje a la siempre exquisita Anouk Aimée a quien se premió con un Oso de Oro por su trayectoria). Esto se nota, muy especialmente, en el costado comercial del festival. El mercado cinematográfico, por ejemplo, funciona a todo vapor, y es una Babel de lenguas, proyecciones, ofertas, contraofertas y publicidad. Desde allí, el stand del Instituto del Cine argeentino, en el edificio Daimler Benz de la Potsdamer Platz -cuya renovación arquitectónica es otra de las razones para visitar el nuevo Berlín -cumple su función de promocionar el cine argentino, pero también al país para atraer producciones internacionales.

El stand congrega, a su vez, a los argentinos que participan del festival. Este año, en el marco del primer Talent Campus organizado entre otros por Wim Wenders, ha venido un grupo de jóvenes realizadores nacionales, que participan de talleres, encuentros y actividades afines con otros 500 talentosos del mundo. La selección fue competitiva -entre los requisitos, un film de un minuto, y los ganadores argentinos tienen un currículum prometedor. Vinieron, entre otros, Pablo Buján, graduado de la carrera Imagen y Sonido de la UBA - que acaba de rodar un largometraje en Irán, un «ensayo experimental» lo llama-, Juan Flesca, de la Universidad del Cine, radicado en Barcelona, Daniel Rosen-feld, realizador del documental «Saluzzi», María Meira, graduada de la escuela del Instituto y guionista de «Tan de repente», de Diego Lerner, con varios premios internacionales, y Ana Fresco, de la UBA.

Durante la sobria recepción ofrecida el miércoles por el INCAA y el embajador Enrique Candioti, Miguel Pereira, director del festival de Mar del Plata, anunció la selección de films a concurso. También se festejó con alborozo el oso de plata al corto documental que acababa de ganar Lucía Cedrón por su autobiográfico «En ausencia». Marcelo Piñeyro vino a presentar «Kamchatka» en la sección Panorama. Tanto su film como el corto de Cedrón confirman la imagen política de la Argentina que la Berlinale siempre ha apoyado.

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