La Boca se afirma como vigoroso polo artístico

Espectáculos

Con vernissage virtual, que se inició en YouTube, la casona de la calle Pedro de Mendoza que diseñó Clorindo Testa alberga obras contemporáneas.

La semana pasada, en La Boca, la Fundación Andreani inauguró un nuevo espacio diseñado por Clorindo Testa. El vernissage fue virtual y comenzó a través de YouTube con una película de la productora El Pampero. En la pantalla aparece un inesperado diálogo entre un sorprendido espectador que pregunta: “Disculpe ¿Qué es esto?” La respuesta no se hace esperar. El relator cuenta entonces la historia de una inauguración frente al Riachuelo donde no hay nadie porque la gente no puede salir. “Si hacemos silencio”, agrega, se va a escuchar el rumor de las voces y el sonido de los brindis. Sin embargo, cuando la cámara ingresa a la Fundación, sólo encuentra unas exhibiciones de arte decididamente contemporáneo. El edificio ostenta las formas tajantes de Testa, padre del brutalismo, mientras los colores radiantes de La Boca se divisan exaltados sobre las vigas y paredes de chapa.

El fachadismo preserva el frente de la vieja casa de la calle Pedro de Mendoza a pocos pasos de Proa, que hoy alberga el emprendimiento de María Rosa y Oscar Andreani. El recuerdo siempre grato de Testa, con sus sobrios trajes grises o derrochando elegancia en las galas del Colón, pone en vigencia el mensaje que nos dejó. “Siempre digo que las ciudades, como la gente, tienen memoria y que resulta casi imposible cambiar su destino”, aseguró el arquitecto cuando concluyó el Buenos Aires Design. “La Recoleta era hace siglos un lugar de ranchos donde se hacían romerías, hasta que el Virrey Vértiz, ante esa proliferación de mujeres, música y bebida, lanzó un edicto prohibiendo la actividad. Así desapareció la romería. Pero siglos después están las comidas, las mujeres, el vino y la vida nocturna. Esa misma vida regresa con mayor fuerza, porque las ciudades recuerdan su pasado y los lugares también. En otros sitios, como en Roma, sucedió lo mismo. Es muy difícil modificar el espíritu de un lugar”, agregó Testa.

Así, entre las fantasmagorías que registra la cámara aparece la imagen de Rómulo Macció, artista cuyas pinturas se caracterizan por su condición evocativa. Sus ciudades y el Río de la Plata, han pasado por el tamiz selectivo de la memoria que sólo resguarda lo relevante. La expresiva pintura de Macció está emparentada con de Victorica, un aristócrata que se fue a vivir a ese enclave de la inmigración italiana y alquiló unos cuartos en la misma casa que pintaba Lacámera, integrante del primitivo Grupo boquense, como Quinquela Martín y Eugenio Daneri. Alfredo Lázzari, maestro de la Academia Unión de La Boca, Víctor Cúnsolo, José D. Rosso, Miguel Diomede, José Luis Menghi y Marcos Tiglio, también vivieron frente al Riachuelo. Hasta ese “pequeño barrio medio genovés,” como lo describe Edmundo de Amicis en el libro “Corazón”, a fines del siglo XIX y principios del XX arribaron más de un millón de italianos. Y el fenómeno de concentración del arte de la calle Pedro de Mendoza se remonta a esos tiempos. Allí nació el primer artista boquense, Francisco Cafferata, y Francisco Parodi modelaba los mascarones de proa para ahuyentar los demonios del mar. En 1919 “El Bermellón”, reunió en La Boca a Victor Cúnsolo, Facio Hebequer, Victor Pisarro y Juan del Prete, el primer pintor abstracto de la Argentina.

El académico José Emilio Burucúa analiza el papel que juegan en la rutina del quehacer artístico boquense, el oficio y, de algún modo, también, las pasiones, cuando afirma: “Aquellos artistas investigaron las vertientes emocionales e intelectuales de la actividad estética. Quisieron resolver el tema mediante las prácticas minuciosas de colocar pigmentos con el pincel, extenderlos, combinarlos, yuxtaponerlos sobre los soportes, y de dibujar con la carbonilla sobre las imprimaciones o bien con el mismo pincel sobre las veladuras, atentos al mejor modo de hacer aparecer las formas y a la manera más directa de registrar, mediante la mano y el ojo, el desenvolvimiento a menudo aluvial de las emociones”.

Hoy, los paisajes de La Boca llegan enaltecidos por la lejanía del mundo virtual. Fuera de su cotidianeidad, la belleza se vuelve significativa. La Fundación Andreani comenzó su programación con un arte tecnológico, exhibe una muestra de Mariano Sardón y Mariano Sigman: “Deep unlearning, Ejercicio de desaprendizaje” y las fotografías de Gian Paolo Minelli: “Conocer un mundo”.

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