28 de octubre 2005 - 00:00

"La caída", con sólido material extra histórico

La caída, con sólido material extra histórico
La versión local de «La caída » en DVD supera sobradamente lo habitual. Por el interés histórico específico de la producción, el film de Oliver Hirschbiegel ha sido lanzado en una edición de dos DVDs, el primero de los cuales contiene la totalidad de la película, y el segundo una justificada y documentada cantidad de extras.

El más singular de todos es el «paseo virtual» por el bunker de Hitler, refugio imaginario de tantos novelistas y guionistas de cine en los últimos 60 años, y que acá, sobre la base de planos y reconstrucciones históricas fehacientes, se plantea a la manera de una «visita guiada» en planos sucesivos: la enfermería, el despacho de la secretaria Traudl Junge, la centralita y sala de máquinas, la cámara de gas, los puestos de vigilancia, la sala de espera, el almacén, el despacho, el dormitorio de Eva Braun y de Hitler (por separado), la sala de estar, las habitaciones de Magda Goebbels y los hijos, el área de recreo antigua, etc.

Fotos históricas, museo de insignias y medallas, fotos comparativas y grabaciones de marchas militares alemanas, además de los testimonios de equipo y elenco, completan este buen archivo visual.

El film, se dijo en oportunidad de su estreno, es sólido, explícito y agobiador en su gran parte. Su historia se limita al mortuorio relato del fin de quienes fueron los hombres más poderosos de Europa, acorralados como ratas en ese búnker, e incrédulos de que esa civilización aria a la que presumieron eterna, y que sólo duró 12 años, estallara en pedazos.

En su obsesiva pormenorización incidental (no se deja de lado ni el detalle de cómo hubo que conseguir nafta para incinerar los cadáveres de Hitler y Eva Braun), «La caída» se aleja del tradicional acercamiento metafórico a la representación del nazismo que ha hecho la cultura alemana, desde el propio Brecht a cineastas como Jürgen Syberberg. El film de Hirschbiegel trabaja material crudo sobre bases fidedignas, como las memorias de Traudl Junge y las investigaciones del historiador Joachim Fest.

La mirada se convierte, así, en la crónica de una metástasis, con las diferentes reacciones de los desesperados jerarcas ante la súbita explosión del final, enfrentados a lo que jamás entró en sus cálculos, el suicidio del indestructible « superhombre», la muerte del Führer, a quien la agobiada caracterización que le da Bruno Ganz (colosal actor), articula y diferencia a sus satélites. En esa claustrofobia de la muerte inminente (todo el film es claustrofóbico), las reacciones que entran en colisión exponen al desnudo los resortes de esa gigantesca mascarada que, aunque sea difícil de racionalizar, estuvo a punto de regir al mundo entero.

Marcelo Zapata

Dejá tu comentario

Te puede interesar