21 de mayo 2004 - 00:00

"La casa del espanto"

Basada en un famoso videojuego, La casa del espanto falla en argumento, actuaciones, fotografía, estética y hasta en su patética insistencia en copiar (mal) las acrobacias de Matrix.
Basada en un famoso videojuego, "La casa del espanto" falla en argumento, actuaciones, fotografía, estética y hasta en su patética insistencia en copiar (mal) las acrobacias de "Matrix".
«La casa del espanto» («House of the dead», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: U. Boll. Int.: J. Cherry, T. Leitso, J. Prochnow, C. Howard, W. Sanderson, E. Okuma, K. Clavell.

Entre todos los monstruos del cine de terror, los zombies y muertos vivos son los más subdesarrollados y aptos para cualquier desastre. Por eso, no se tiene idea de lo que es una película realmente mala si no se ha visto alguno de esos engendros con zombies nazis de comienzos de los '70 coproducidos entre Italia, España y Alemania.

Los muertos vivientes de George Romero merecen los mayores elogios, pero también son culpables de generar una plaga de subproductos temibles, incluyendo videogames de zombies, como el que dio origen a esta película. El juego en el que se basa («House of the dead») es muy bueno, pero su versión fílmica da más pena que miedo. Encima es una precuela del juego original, o sea que ni siquiera hace honor a su fuente al narrar los detalles de la invitación a una rave en una isla siniestra llena de muertos vivos .

La franquicia no se cuidó nada, lo que es una pena si se tiene en cuenta que con esos 10 millones de dólares Romero les podría haber hecho ganar mucho más dinero. Todo está mal: argumento, diálogos, actuaciones, fotografía y estética general van de lo mediocre a lo abismal, con patéticas acrobacias estilo Matrix que directamente no se pueden creer, sobre todo porque lucen como si el director creyera que las hace bien; y esto es sólo un detalle más en medio de una absoluta ineptitud. El film ni siquiera da demasiada gracia, aunque en realidad esto habría que comprobarlo viendo el film un sábado a la noche en una sala llena de adolescentes.

Esforzándose en verle un lado bueno a este espanto, sólo se puede rescatar la generosa exposición del elenco femenino (la presa favorita de los zombies es la pechuga) y un dato económico importante: comparado con la cantidad de fichitas que se puede gastar jugando al «House of the Dead», la entrada al cine es una auténtica ganga.

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