La cultura es para pocos, y muy poco

Espectáculos

E s difícil imaginar la política cultural de un país como el actual cuando sólo 50% de la población que no es pobre tiene los recursos necesarios para ir a un concierto o a un cine.

Los funcionarios y ex funcionarios de primera línea convocados la semana pasada a la presentación del «Anuario de Indicadores Culturales 2002», editado por la Universidad Tres de Febrero, parecían resistirse a ver esta realidad, y pese a que la investigación se hizo en la Argentina de antes de la devaluación y el «corralito». Hoy, lógicamente, todo es más grave, pero todavía no está cuantificado.

Las cifras corresponden al año 2001 y revelan que, como ocurre en otras áreas del Estado, los gastos del sector de la cultura son mayormente ineficaces. Alrededor de 75% de los presupuestos nacionales y provinciales se van en sueldos y poco es lo que resta para implementar programas culturales. Además, las cifras dejan al descubierto el abismo presupuestario que separa a Buenos Aires del resto del país.

Durante 2001, el presupuesto en cultura de la Ciudad de Buenos Aires fue de 145,6 millones de pesos, lo que representa 53,38 pesos por habitante, monto que en la provincia Formosa, por ejemplo, se redujo a 50 centavos, o a 31 centavos en Santiago del Estero.

En los 24 distritos de Argentina, excluyendo la Administración Nacional, se destinan 255,5 millones de pesos a la cultura, pero 57% de esos recursos se concentran en la Ciudad de Buenos Aires, que sólo comprende 7,58% de la población. Y aunque es el distrito mas rico, para acceder a los museos cobran entre uno y ocho pesos la entrada.

Un 20% del total lo acapara la provincia de Buenos Aires, con un presupuesto de 51,6 millones de pesos para 13,7 millones de habitantes que consumen un promedio de 3,76 pesos cada uno. El resto, apenas 23%, se distribuye en todo el país.

Por su parte, la Administración Nacional dedica a las actividades culturales solamente 0,22% de su presupuesto, 112 millones de pesos, y casi la mitad se los lleva la Secretaría de Cultura. Los organismos con carácter descentralizado poseen recursos propios y se autofinancian, principalmente el Instituto de Cinematografía y el Fondo de las Artes, cuya recaudación excede largamente sus gastos. De este modo, 70% de la totalidad de las asignaciones para Cultura contenidas en el presupuesto nacional son financiadas por la población que consume productos culturales, como entradas a cines y teatros por ejemplo, y el Tesoro sólo contribuye con 30% restante.

El rector de la UNTREF,
Aníbal Jozami, abrió el diálogo refiriéndose a las dificultades que impone la crisis, y el director de Políticas Culturales de la Universidad, Patricio Lóizaga, se explayó sobre la inequidad del reparto. A continuación el subsecretario de Cultura, Rodrigo Cañete, expresó «la necesidad de asumir la responsabilidad de la indefinición que existe entre el Estado y los objetivos del área cultural», posición que avaló el director de Fondo de las Artes, Guillermo Alonso, cuando planteó que «el problema es la carencia de objetivos».

A continuación, la directora de Cooperación Internacional,
Teresa Anchorena, cuestionó que « deba pagarse un sueldo a una bailarina de 45 años a quien no se le puede pedir que enseñe». Cuando la ex subsecretaria del área, Magdalena Faillace, expuso «las dificultades burocráticas que impiden ejecutar los presupuestos», Silvio Maresca, director de la Biblioteca Nacional, convocó a «librar una batalla contra los economistas», ex abrupto que no compartieron algunos, como la hasta ayer ex subsecretaria de Cultura de la Ciudad de La Plata (organismo que se acaba de disolver con el ajuste), Susana López Merino, cuya propuesta es iniciar un diálogo de conciliación con los funcionarios de Hacienda.

Ante la propuesta de proseguir el debate, las ex secretarias de Cultura de la Ciudad,
María Sáenz Quesada y Anchorena, los ex subsecretarios Horacio Salas (hoy director del FNA) y Diana Saigh (FNA), y de la Nación, Alejandro Capato, Hugo Storero (hoy diputado) y Faillace, además de Carlos Paz (FNA), Edwyn Harvey (ex FNA), Oscar Barney Finn (FNA), la directora de Fundación Proa, Adriana Rosemberg, Daniel Ríos, Diana Alvarez Valiño, Alejandro Prince y los diplomáticos Miguel Díaz Reynoso y Pedro Vives, abrieron sus agendas.

Los festivales de cine o el plan de celebrar las fiestas patrióticas en austeridad no remediará la injusta distribución de los dineros públicos. En este sentido, existe un acuerdo sobre la obligación del Estado de mantener y preservar su patrimonio, los tesoros artísticos y su arquitectura, entre otros bienes públicos.

Pero lo difícil, sobre todo en tiempos de crisis, es preservar y estimular la actividad cultural que implica la tenencia de esos bienes. O sea, que los artistas e intelectuales sin distingo de extracción social, continúen pintando, construyendo, componiendo, bailando, escribiendo e interpretando, entre otras acciones que aseguran que la cultura se perpetúe.

Antes de su retiro,
López Merino aportó un «Plan Sin Gasto», que aprovecha los aportes de las universidades, de otros organismos con mejores presupuestos y de las asociaciones de amigos. El principal objetivo es mantener la actividad y, más que nada, los talleres poblados de jóvenes cuyo posible destino podría ser la calle. morra eliminando a su bella hechicera en medio de muchos efectos especiales y chistes tontos, todo medianamente entretenido, con más ritmo que imaginación.

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