Las instituciones culturales, tanto públicas como privadas, ajustan sus proyectos a las circunstancias que vive el país. El objetivo es reducir los costos, pero lo importante es que nadie se resigna a bajar la calidad de sus presentaciones. La Fundación Proa logra mantener el nivel enfocando el arte argentino y suspendiendo las exhibiciones de artistas extranjeros, reducida este año a la muestra de uno de los padres del «arte povera», el italiano Mario Merz.
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La programación de MALBA también cambió de rumbo, como las del Centro Cultural Borges y Recoleta, el Museo de Bellas Artes, y de Arte Moderno, que en pocos días inaugura una muestra de artistas jóvenes que donaron sus obras para incrementar la colección de la institución.
Con los patrocinantes en retirada, gran parte de las galerías se adaptan también a los tiempos que corren: por primera vez en décadas olvidan el dólar y venden sus obras en pesos y sin indexar.
Los resultados, teniendo en cuenta la gravedad de la situación económica, resultaron insospechadamente buenos: el arte de calidad se vende. Dato que corroboran las rematadoras.
Claro, se sabe que durante la crisis del petróleo los cuadros de Picasso que hoy cuestan millones se vendían por unos pocos miles, y es fácil deducir que si la Argentina, como sucedió otras veces, remonta esta crisis, el arte recuperará su cotización. A ningún conocedor escapa que un Fader por el que se pagaban 10.000 pesos durante la hiperinflación de 1989 escalaba a más de 200.000 en la derrochona década del '90. Además, los museos, galerías, centros culturales y los numerosos espacios alternativos para la exhibición de arte que surgieron en estos últimos años, nunca habían tenido tanto rating, el arte dejó de pertenecer a una pequeña élite de iniciados y pasó a formar parte de la vida de la gente, fenómeno que sin duda repercute en el mercado.
•Feria
Al despuntar el año y en medio de la incertidumbre, Arte BA, la feria de galerías porteña, decidió postergar la apertura de su onceava edición que finalmente abrirá sus puertas en la Rural del 13 al 20 de julio. La feria no ostentará el costoso despliegue de montaje exhibido en las últimas presentaciones y se pagará menos por el alquiler del espacio. Las galerías que decidieron participar, pese a que el número no está cerrado, se estima hoy en alrededor de 50 argentinas y 10 extranjeras, algo menos que las 51 argentinas y las 26 extranjeras que estuvieron en el 2001, pero como la mayor parte alquiló stands más amplios, la dimensión del conjunto será más o menos equiparable.
El interés de los marchands e instituciones extranjeras está en baja (y qué otra cosa se podría esperar), pero desde Valencia la secretaria de Cultura, Consuelo Ciscar, habló con este diario y ratificó su decisión de acompañar a los argentinos. «Estoy a vuestra disposición, tanto a nivel personal como desde mi cargo institucional -dijo sin rodeos-, para impulsar y realizar cuantos proyectos y colaboraciones hemos previsto e independientemente de las dificultades que ahora existen». El gesto de Ciscar se destaca, sobre todo cuando las empresas y bancos privatizados que en estos últimos años fueron un firme soporte de la feria, retiraron su auspicio.
Por su parte, Arte BA mostrará su perfil solidario, la inauguración será a beneficio de «Felices los niños» y la gente deberá adquirir vales canjeables por productos alimenticios. Cuentan los directivos de la feria que «Chandon ya comprometió el champagne para que el vernissage no sea una tristeza, pero además la adquisición de 1.000 vales solidarios».
Durante más de 10 años la feria trabajó para consolidar el mercado contemporáneo, meta que en la actualidad, cuando peligra la subsistencia de muchos artistas jóvenes, adquiere mayor importancia. Se trata de las figuras estelares de cuyo talento depende no sólo que el arte del país mantenga su nivel de calidad histórico, sino también la actuación de todo el elenco de galeristas, coleccionistas y teóricos, entre otros operadores que cruzan este escenario.
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