De todas sus contemporáneas, fue la única que se llevó bien con el tiempo. A nadie sorprendía verla, a una edad muy avanzada, actuar en una telenovela o hacer un recital sobre un escenario. Libertad Lamarque surgió en la década del '20 como parte de una generación integrada también por Rosita Quiroga, Azucena Maizani, Sofía Bozán, Ada Falcón y Tita Merello. Y desde el comienzo se caracterizó por su manera personal de cantar, con un registro muy agudo y un timbre aflautado. De 1930 es su primera grabación, con la tonada «Chilenito» y el estilo «Gaucho sol», para el sello Odeón.
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Poco después debutó en radio interpretando el tango «La cumparsita», y siguió editando discos -algo más para Odeón y luego para la Víctor- con tangos, pasodobles, valses, foxtrots, rancheras, boleros y hasta una tarantela, muchas veces con un trío del que formaba parte el pianista Alfredo Malerba, su segundo marido.
Sus grabaciones son muy numerosas, más de 200, la mayo-ría dirigidas por Malerba, pero también tiene algunos registros con las orquestas de Juan D'Arienzo, Mario Maurano,Víctor Buchino, Lucio Milena, Ruiz Armengol, Chucho Zarzosa y Chucho Ferrer, o haciendo dúo con Pedro Vargas, Miguel Aceves Mejía, y, en dos ocasiones, con su hija Mirta.
Escribió además 21 piezas en colaboración con grandes poetas, como Cátulo Castillo, José González Castillo, Rodolfo Sciammarella, Luis César Amadori, y Homero Manzi. Pero, sin duda, los temas que mayor trascendencia han tenido fueron «Besos brujos» y «Como el pajarito»: un símbolo indiscutible de las canciones que interpretó a lo largo de su vida.
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