29 de marzo 2007 - 00:00

"La educación de las hadas"

Irene Jacob(la actriz de«Rouge») conRicardo Darínen «Laeducación delas hadas»,de José LuisCuerda.
Irene Jacob (la actriz de «Rouge») con Ricardo Darín en «La educación de las hadas», de José Luis Cuerda.
«La educación de las hadas» (id., España-Argentina-Francia-Portugal, 2006, habl. en español). Dir.: J. L. Cuerda. Int.: R. Darín, I. Jacob, V. Valdivia, B. Rebolledo, J. Bosch, A. Arradi, J. L. Cuerda, C. Arquimbau.

El hermoso bosque de castaños del Montseny, donde mayormente se ambienta este dulce y despacioso relato de amor, dista de parecerse al tupido vergel de aquel rincón de Galicia donde transcurría «El bosque animado». Tampoco el José Luis Cuerda que dirigió esa regocijante historia, hace ya años, es el mismo que ha dirigido la que ahora vemos. No digamos entre medio, sino, al contrario, casi en vísperas de filmación, ocurrió la muerte de su esposa.

Quizás eso haya influido en el tono de la obra. No porque sea elegíaco, que no lo es en absoluto, sino por cierto aire de melancólica tristeza, que se impone por encima de su final feliz.

En efecto, «La educación de las hadas» tiene final feliz. De otro modo no estaría entre sus productoras una empresa llamada, precisamente, Finales Felices SA. Pero es esa felicidad de quien sabe que toda alegría es pasajera, y aun más, que todo amor es un poco inventado. «Inclusive en estos tiempos hay quien piensa que se ha enamorado, y eso es imposible a no ser que uno se invente que se ha enamorado», dijo por ahí el propio Cuerda. Y así es la historia que nos cuenta: un fabricante de juguetes se enamora de una mujer con un hijo como él hubiera querido tener, conquista a los dos, los refugia en una casa de campo, los mima, los cuida, hasta que un día la mujer, alegando tener miedo a tanta armonía, le pide el divorcio. El es un niño grande. Ella, una mujer quebrada, viuda de un aviador muerto en acción de guerra. Y el niño cree lo que el niño grande le ha enseñado. Que las hadas existen. Que hay que saber encontrarlas. Y que, además, al llegar a la tierra, las hadas pierden la memoria. Hay que enseñarles quiénes son, y orientarlas a hacer algo por los humanos. Y lo que encuentra el niño es una joven con las alas quebradas, una muchacha inmigrante, de vida amarga. Pero él le enseña. Reiteramos, el final es feliz. Dentro de una mujer puede haber un hada, aunque pise la tierra. Dentro de una pareja puede haber felicidad, aunque los dolores y los miedos sigan al lado. Y dentro del cine, puede haber ilusión. Lo expresan, sin sensiblerías, Ricardo Darín, con sus expresiones de tipo seguro y protector que en el fondo se siente inseguro y desprotegido, Irene Jacob y Belén Rebolledo, con la desconfianza, la dureza, y la necesidad de confiar y aflojarse de dos mujeres muy distintas, y también parecidas, y el niño Víctor Valdivia, cuyo personaje tiene unas expresiones inhabituales en la mayoría de los chicos de su edad, pero comprensibles, tratándose de un chico huérfano que necesita tener una familia completa ( comprensibles, también, si se considera que, a esa misma edad, Didier van Cauwelaert, el autor de la novela original, ya estaba enviando a editoriales su primer asunto policial, para ayudar a sus padres).

En resumen: una obra algo lenta, es cierto, y en partes medio confusa, hasta que todo se va explicando, pero cálida, bien actuada, con preciosos paisajes, buena música (otro argentino, Lucio Godoy), lindos textos, y además hace que las mujeres se sientan más valoradas.

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