10 de marzo 2008 - 00:00
"La historia del arte se reescribe permanentemente"
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Carlos Basualdo: «En Brasil, Gilberto Gil es una persona valiosísima, pero no sé cuál es su sensibilidad para el arte contemporáneo. Le parece elitista, y la Bienal de San Pablo está en peligro».
Carlos Basualdo: Sí. Esta es la genealogía, David fue una figura clave, significativa para muchos curadores, porque logró cristalizar un giro de la práctica de exhibición hacia el discurso teórico, que además coincidía con un giro de la práctica artística también orientado al diálogo.
P.: ¿El de la estética relacional?
C.B.: Sí, como el de Rirktrit Tiravajina y otros artistas. En las propuestas curatoriales de estos últimos años lo que predominan son las tendencias discursivas, hay grupos de artistas y curadores trabajando juntos, gente que concibe la práctica curatorial en términos de discurso. Ese eje se enfatizó en las tres últimas ediciones de Documenta, caracterizadas por lo discursivo, la muestra tematizada y la recuperación histórica desde una perspectiva revisionista.
P.: Pero la Documenta XI de usted y Enwezor fue muy criticada. Se decía que el arte se había convertido en sociología o en discurso político.
C.B.: La crítica tuvo varias oleadas. Al comienzo les encantó, salvo en EE.UU. donde siempre nos odiaron, la respuesta de Europa fue muy positiva. En la segunda oleada decían que era una Documenta política y documental. Ahora llegó la tercera y hay una revisión académica que recupera sus valores. Se trató de sistematizar la relación entre documento y obra, entre ficción y documento y entre arte y política. Hay quienes dicen que fue la Documenta más importante, aunque para mí la de David fue fundamental.
P.: ¿A qué atribuye que la crisis de la Bienal de San Pablo?
C.B.: Es una cuestión compleja. Creo que tiene que ver con el modo en que Lula concibe la cultura y el lugar que ocupa el arte contemporáneo en su proyecto cultural.
Gilberto Gil es una persona valiosísima, pero me pregunto cuál es su sensibilidad para el arte contemporáneo. Tuve oportunidad de hablar con Caetano Veloso más que con Gil, y sólo puedo hablar de ellos con el mayor respeto, pero percibí que no son particularmente sensibles al arte contemporáneo. Les parece elitista. Temo que la Bienal, una de las instituciones más valiosas para el arte de Latinoamérica, está realmente en peligro. Creo que falta voluntad política y me pregunto cómo Gil puede dejar caer la Bienal en la situación que está ahora.
P.: ¿Será por esta razón que Mesquita invita a pensar?
C.B.: La estrategia de Mesquita es muy interesante a partir de una situación crítica. Hay que evaluarla a partir de los resultados. Qué se hará para que el proyecto sea algo más que un ciclo de conferencias, y qué, para que aún cuestionando el formato de la Bienal, dialogue con la historia de la Bienal.
P.: Después de San Pablo, ¿podría cambiar el formato de los centenares de bienales que hay en el mundo?
C.B.: El formato ha tenido mucho éxito y su agotamiento proviene del éxito. Pero también es cierto que se ponen en una misma bolsa cosas distintas. Una cosa es la configuración de la Bienal de Estambul, que tiene un perfil muy específico, al igual que la Bienal del Mercosur; otra cosa es una bienal europea como Manifesta, y otra es Venecia. Son distintas. Hay que demorar un poco antes de hablar de la crisis de las bienales, porque es la crisis de determinadas encarnaciones.
P.: La Bienal del Mercosur acaba de abrir una convocatoria para elegir el próximo curador. ¿No le parece un gesto democrático?
C.B.: En EE.UU. también es así, y en Berlín están pidiendo proyectos curatoriales. Entre los cambios que están ocurriendo en el mundo del arte, hay uno hacia una real democratización. No utilizo la palabra democratización con un sentido absolutamente positivo, quiero decir que hay un sistema que era muy elitista y que se está volviendo masivo. Cuando las instituciones entran en estos procesos de apertura con convocatorias públicas, aunque sean procesos todavía imperfectos, son interesantes no sólo por lo que producen sino también en sí mismos.
P.: ¿Qué opina sobre el arte argentino en el exterior?
C.B.: Los dos últimos envíos a Venecia son los mejores que he visto, el de Adriana Rosenberg con Jorge Macchi y el de Inés Katzestein con Guillermo Kuitca. Hace tres años que no venía a Buenos Aires, sigo la obra de Roberto Jacoby y de muchos, pero no estoy al día con la producción actual.
P.: ¿Piensa que la valoración de la vertiente conceptual del arte latinoamericano va en detrimento de otras tendencias?
C.B.: El canon de la historia del arte de la última década se volvió más poroso, y hay un proceso permanente de revisión.
P.: ¿Es porque se está reescribiendo la historia del arte de Latinoamérica?
C.B.: Se está reescribiendo toda la historia del arte. El libro de Benjamin Buchloh y Rosalind Krauss todavía es un filtro muy potente para muchos latinoamericanos, pero hay gente escribiendo tesis sobre Oiticica, Ligia Clark y varios artistas.



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