22 de enero 2020 - 00:00

"La identidad y su construcción es el tema de mi literatura"

Española aunque nacida en Buenos Aires, es autora de una vasta obra que comprende también ensayos, cuentos y poemas. Es, además, música y traductora.

Flavia Company. “La isla de la última verdad” fue su novela consagratoria.

Flavia Company. “La isla de la última verdad” fue su novela consagratoria.

El reclamo de matar a una persona para saldar una vieja deuda lleva a Flavia Company a explorar, en “Que nadie te salve la vida” (El Ateneo), desde una intriga policial y una reflexión en la tradición de la novela humanista, el amor y el desamor del crimen real y el castigo moral, la culpa y el perdón, el mal y las deudas vitales que se cargan. Company es una destacada escritora española que nació en Buenos Aires. Licenciada en Filología Hispánica, narradora, música, traductora, periodista, profesora universitaria, lleva publicadas más de cuarenta obras en las que hay cuentos, poemas y ensayos. Entre otras, las novelas “Dame placer” (finalista del Premio Rómulo Gallegos), “Ni tú ni yo ni nadie” (Premio Documenta), y la consagratoria “La isla de la última verdad”. Visitó Buenos Aires y dialogamos con ella.

Periodista: La hija de una pareja de lesbianas, por el pedido que hizo veinte años atrás el donante de esperma, debe ir a pedirle perdón al hijo de la mujer que mató. Ese es uno de los temas de su novela.

Flavia Company: ¿Cómo construimos nuestra identidad? Ese es un tema central de mi literatura. Desde dónde, desde qué ficción la construimos. Somos grandes narradores de nuestras vidas. La construimos de un modo verosímil pero que podría ser cualquier otro. Me interesa ver en qué medida, hasta qué punto, los seres humanos somos intercambiables. El gran eje moral de esta novela es: sí alguien te salva la vida o te ayuda a lograr lo que deseas... ¿tienes gratitud o deuda? Si la gratitud se convierte en deuda entonces no fue donación, fue un trueque. Víctor utiliza lo que aparentemente fue un dar, salvarle la vida a su amigo tiempo atrás, para cobrárselo ordenándole que haga algo por él. Le dice: gratitud no, deuda; yo te salvé, vos me salvás.

P.: ¿No hay nada desinteresado?

F. C.: Lo único gratuito ocurre al final, pero mejor no spoilear. Las cuatro partes de la novela tratan de qué harías si alguien que te salvó la vida te pide algo. En la primera parte a Enzo, que tiene la intoxicación mental de ese cáncer que lo está matando, su amigo Víctor le pide que cometa un crimen para, según argumenta, ponerlo a salvo; en verdad, impone. Primer dilema: ¿lo harías o no lo harías? Segundo, ¿le contarías a tu mujer lo que estás tramando? El calculador Víctor está a punto de perder su imperio y no quiere contarle a su mujer lo que ha planeado. Ella le dice: todo está bien con nuestro imperio pero no quiero quedar al margen, no puede ser que no me cuentes algo que me va a afectar, ¿no?, entonces te vas a la mierda. Allí también está si hay que matar a la muchacha o no. Tercero, ¿le darías a tu hija, veinte años después, la carta que dejó para ella un tipo que fue dador de su semen? ¿La leerías? Y si la lees y no se la das, ¿qué ejemplo le estas dando? Cuarto, ¿le harías el favor a un tipo que dio su semen para que vos vivas? Te pide que vayas a pedir perdón y en la carta te agrega semillitas de pensamientos. Encima, el azar te lleve a darle ese pedido de perdón a un geólogo y no al oftalmólogo que debía ser. Un tipo equivocado que se está dejando morir por un drama sentimental y que ella, sin saberlo, le abre la puerta a la vida. Esas disculpas no son las que él espera, pero le vienen bien igual. Se dice: necesito perdonar y que me pidan perdón. Al final le surge el dilema de si tiene que decirle a ella la verdad, que él no es la persona que ella busca, y poder así vincularse con ella, o si se mantiene en silencio, y se queda para siempre con ese paquete.

P.: En su novela aparece cada tanto “Crimen y castigo” de Dostoievski…

F.C.: Es la referencia a esa novela humanista del siglo XIX que en los ’60 se convirtió en novela de tesis, de moralina más que de moral, que buscaba demostrar algo. Esa novela didáctica se escribe desde un sentimiento de superioridad, y en la novela humanista, existencial, hay lo contrario, sentimiento de empatía. Por eso en “Que nadie te salve la vida” los personajes se mueven en el tiempo y dialogan de modo inserto, se explican a sí mismos, no hay alguien que esté contando, que esté enseñando, son ellos frente a sus dilemas existenciales y allí se ve al perdón y la empatía como lubricante social. Como en “Crimen y castigo” no es una novela de entretenimiento porque no se sale indemne de la lectura, algo te toca.

P.: ¿Aún hay remordimiento en tiempo de las fake news?

F.C.: La velocidad y el desconocimiento provocan la obediencia. Decime lo que tengo que decir porque no sé lo que tengo que decir. Yo estoy acá para ganar, nada es gratis. Lo gratis es desresponsabilizar al poder. La falta de conciencia tiene mucho que ver con el desconocimiento. Ya casi no se lee para entender. Solo la responsabilidad permite la redención. Y en la medida en que no se piensa, no se reconoce lo que está mal, la mentira, el engaño, qué problema moral se puede tener. Son tiempos de una despersonalización absoluta y contra eso lucha la novela humanista.

P.: ¿En qué está ahora?

F.C.: Tengo una novela terminada que sale en agosto en España. La va a firmar Haru, el personaje de mi novela “Haru”, no yo. Con eso creo, dado que estoy muy loca, haber llegado a la cuadratura del círculo que es haber creado un personaje de ficción que escribe de la realidad y me convierte a mí en personaje de ficción como yo la convertí a ella antes. Me van a tener que entrevistar como personaje porque yo, como autora, no me responsabilizo. Después de ese libro bisagra vendrá la que acabo de terminar, que la firmará otro personaje mío, Andrea Mayo, que se convirtió en un trasunto literario, que estuvo en un recital en Barcelona, que en “Que nadie te salve la vida” la cita ese traductor que se vuelve asesino por una deuda de vida.

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