25 de octubre 2004 - 00:00

La importancia de llamarse "Doors"

Ray Manzarek y The Doors of the 21st Century, denominación que empleará la banda en su concierto del miércoles en Vélez, si un juez de Los Angeles aprueba su empleo.
Ray Manzarek y The Doors of the 21st Century, denominación que empleará la banda en su concierto del miércoles en Vélez, si un juez de Los Angeles aprueba su empleo.
"Dejenlo en paz!" Entre todos los graffitis escritos alrededor de la tumba francesa de James Douglas Morrison, esta súplica anónima siempre se hizo notar especialmente. Sin embargo los Doors sobrevivientes deben pensar algo parecido. De hecho, el tecladista y fundador del grupo, Ray Manzarek, viene pidiendo que lo dejen en paz con Jim Morrison desde mediados de los '70. Pero la leyenda se infló tanto que aún hoy sigue provocando casi tantos conflictos legales y mala prensa como en los viejos tiempos de los arrestos por exhibición obscena y utilización de lenguaje blasfemo.

De hecho este miércoles, justo antes de presentarse en Velez, The Doors of the 21st Century conocerán el veredicto del juez de Los Angeles County Superior Court aprobando o impidiendo su actuación con ese nombre, dado que tanto el baterista John Densmore como los familiares de Morrison y los de su esposa Pam Mourson no aprueban la utilización del nombre Doors, el clásico logo del grupo (diseño de Mourson) y los avisos publicitarios con referencias al grupo original.

La compleja batalla legal iniciada hace más de un año tambien incluye a Stewart Copeland, el baterista de The Police que fue llamado originalmente por Manzarek para reemplazar a Densmore, que desde hace años está en muy malos términos con sus viejos camaradas. Las demandas cruzadas entre todos los demandados y demandantes ya tiene un veredicto del jurado anunciado el pasado 27 de septiembre, que no le pone traba alguna a The Doors of the 21st Century, y que además intenta calmar los ánimos al asegurar que ninguna de las partes en conflicto tiene que pagar nada a nadie.

Pero el veredicto más importante es el que anunciará este miercoles el juez, que puede disentir con la opinión del jurado. El cantante Ian Astbury del grupo de hard/dark rock The Cult no está mezclado en estos entuertos legales, pero sí es el primero en ser criticado por Densmore, a quien obviamente no se le podría pedir una opinión objetiva sobre una banda a la que está demandando judicialmente.

En cambio, medios tan objetivos como «The Hollywood Reporter» han elogiado sin reparos los conciertos de The Doors of the 21st Century. Este tipo de reseñas francamente positivas se contradicen con la idea generalizada de que estos nuevos Doors no son dignos del legado de una de las bandas más importantes del rock de la era psicodélica.

Con o sin Morrison, el sonido ciento por ciento original de The Doors, totalmente distinto del de las bandas de rock de su época, fue creado por Manzarek y el guitarrista Robby Krieger (autor de temas como «Light My Fire») con muy pocos aportes de Morrison, cuyas escasas aptitudes para la música impidieron que aprenda a tocar el bajo, que terminó siendo cubierto por la mano izquierda de Manzarek en su inconfundible teclado.

Ya desde los comienzos de la banda, la imprevisible conducta de
Morrison implicaba dar un concierto con los tres Doors músicos ocupándose de las voces, como en la gira europea de 1968, en la que Morrison invadía los shows de Jefferson Airplane, y luego olvidaba su propia actuación.

Como en ese momento, en Holanda o Bélgica,
Morrison no era tan famoso, su ausencia no generaba demasiados problemas. Y no hace falta recordar este tipo de emergencias para entender que en «Light My Fire» o «When The Music Is Over» hay largos pasajes instrumentales con solos e improvisaciones de Manzarek y Krieger durante los que Morrison no hacía nada en términos musicales. A diferencia de lo que suele repetir, el rock psicodélico no surgió de California sino de lugares como Texas (con The 13th Floor Elevator) o de la cuna del blues, Chicago, ciudad que formó musicalmente a Ray Manzarek, que ya había grabado como Screamin Ray Daniels, acto que abandonó al apostar por el potencial que percibió en la vanguardista poesía de Morrison, al que le propuso «formar una banda de rock y ganar un millón de dólares».

Por otro lado, tampoco es cierto el preconcepto de que los
Doors se terminaron con la muerte de Morrison: se habían separado de hecho tiempo antes y los tres músicos de comportamiento menos radical estaban listos para grabar un disco sin el cantante, que en ese momento generaba todo tipo de problemas prácticos. Luego de la muerte de Morrison, hicieron giras sin incorporar otro cantante, y su falta de éxito no se debió a la performance como cantantes de Manzarek y Krieger, sino más bien por no incluir en el repertorio los grandes hits de la banda.

Una curiosidad: en la Argentina, el único hit de toda la discografía de
The Doors, fue el tema más pintoresco «The Mosquito», el tema más delirante y avant garde de «Full Circle», el segundo y último LP sin Jim Morrison.

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