16 de noviembre 2000 - 00:00

"LA MUSA"

Papá “'bfqué es exactamente un humanitario?” «Es alguien que nunca ganó un Oscar.» Este diálogo que abre la película caracteriza a «La musa», una de esas autosátiras que suele dar Hollywood sin ánimo de «denunciar» realmente nada ni a nadie, pero que hacen blanco en algunas de sus heridas abiertas. En el caso, la falta de creatividad y el endiosamiento de los departamentos de marketing, entre otras.
Albert Brooks (director, coguionista y actor principal, uno de cuyos mejores trabajos actorales se vio hace poco en «Un romance muy peligroso») es Steven Phillips, el hombre que responde aquella pregunta de su hija justo después de ganar un premio humanitario por su carrera de guionista y justo antes de que un insufrible ejecutivo de la Paramount destroce entre sonrisas sus últimos guiones. Lisa y llanamente, un despido que ocurre en un restoraán y es interrumpido por Lorenzo Lamas, el primer cameo de los varios que vendrán.
•esa exigente
Desesperado, Steven va a ver a un amigo y colega exitoso (Jeff Bridges) quien tras cierta vacilación, le confiesa que está recibiendo la ayuda de una auténtica hija de Zeus suelta en Hollywood. «Debo verme realmente mal si me vienes con ese cuento», es la razonable respuesta de Steven, lo cual no obsta para que pronto esté comprando una alhaja en Tiffany («había pensado en algo de 50 o 60 dólares» se asombra cuando le muestran una de 3.500) y consiguiendo una habitación de 1.700 dólares en el Hotel Four Seasons, para satisfacer a Sarah, la exigente musa (Sharon Stone) y recobrar su inspiración.
Lo que sigue son las desventuras del pobre Steven, dividido entre la escritura de un guión con gancho y los caprichos de Sarah que no para hasta mudarse a su casa y desalojarlo de su cama, mientras lleva a la fama a su mujer con una receta de galletitas hasta ese momento reservadas a la mesa familiar. Entretanto, diariamente tropieza en su jardín con gente como James Cameron o Martin Scorsese con el correspondiente paquetito de Tiffany en la mano y suplicando el asesoramiento de Sarah para su próximas películas.
«Aléjate del agua» le aconseja ella al director de «Titanic».
En síntesis, una comedia simpática, plena de guiños hollywoodenses, apoyada en diálogos bastante ingeniosos y en su carismático protagonista, con una Sharon Stone correcta como comediante (sobre todo, en presencia de la imperturbable sonrisa de Andy MacDowell, la señora Phillips) y punto. Suficiente para pasar un buen rato. La pretensión, de todos modos, no parece ser otra.

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