La Renga con un rito repetido

Espectáculos

La Renga. Con G. Nápoli «Chizzo» (voz, guitarra), G. Iglesias «Tete» (bajo), J. Iglesias «Tanque» ( batería), G. Sánchez « Chiflo» (saxo, trompeta) y M. Varela (saxo, armónica, guitarra). Grupos soporte: La Chingada, Los Kahunas, Fisura2, Q'acelga?, Humbucker y Santuka; La Percanta, Huaykil, La Negra, Maldita suerte, Ruta 69 y Guillermina (Estadio Vélez, 9 y 10/7.)

Son muy pocos hoy en el rock argentino los que prestan atención a la calidad estética de una banda, los que atienden a la poesía de los textos, los que cuestionan la repetición constante de melodías, ritmos y armonías. Lo que pasó a un primer plano absoluto es la fidelidad a ciertos principios de no aflojar, de apostar al barrio, del «aguante» por sobre cualquier otra cuestión. Y si Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota -punta de lanza de este movimiento que ya tiene varias décadas- pudieron lograr el equilibrio entre resistencia y calidad, la gran mayoría de sus continuadores no ha tenido la misma suerte. La Renga fue creciendo en convocatoria, lo que quedó demostrado en un Vélez dos veces repleto, en una ceremonia que se repitió el mes pasado en Córdoba y que podría repetirse en cualquier lugar del país, aún sin mayores cosas nuevas que decir. Lo verdaderamente importante es estar allí, junto a los iguales, tomando vino camuflado en botellas de gaseosa en los alrededores de la cancha, acompañando con incondicionalidad a una banda que nació en el barrio de Mataderos, resignándose a dejar los «trapos» (las banderas) y las bengalas en la calle por un control actual más rígido (que el domingo fue burlado y obligó a la banda a interrumpir el show cuando un fan díscolo encendió una), mostrando un sentimiento que no reclama originalidad ni calidad estéticas sino «huevos» y mayor volumen. Por eso, tiene sentido la enorme lista de grupos invitados a manera de teloneros sin que ninguno, tampoco, deje mayores elementos para el análisis serio. «Los mismos de siempre» -como se autodenominan los seguidores de La Renga, como si fuera una barra de fútbol,- dijeron presente una vez más, acompañaron a un grupo que se ha súper profesionalizado aunque sigan jugando al amateurismo, corearon una lista de temas que pasó por distintas épocas, disfrutaron de una puesta de artistas internacionales -con una escenografía que recordaba a la Casa de Tucumán en fecha acorde-, y se fueron con la satisfacción del deber cumplido.

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