Film de cine
dentro del cine
(una pareja de
hoy que filma
una versión de
«La dama de
las
camelias»),
«La vida que
sueño»
muestra que
en el siglo XXI
las cosas del
amor son
exactamente
iguales que en XIX
«La vida que sueño» (La vita che vorrei, Italia-Alemania, 2004, habl. en italiano). Guión y dir.: G. Piccioni. Int.: S. Ceccarelli, L. Lo Cascio, G. Ranzi, F. Camilli, N. Bruschetta y otros.
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La anécdota parece sencilla. Una muchacha logra ser elegida para encarnar a la heroína de una película de época, básicamente inspirada en «La dama de las camelias». Como se recordará, ésta es una historia de amores ocultos, que da lugar a prejuiciosos malentendidos, disueltos sólo cuando queda evidenciada la capacidad de sacrificio de la mujer (lástima que a esa altura ya es tarde para rehacer el daño que se le ha hecho). Pues bien, de otra forma, y en un tono menos grave, una historia parecida también tendrá lugar en la vida real, mientras se filma la película.
La muchacha se enamora de su compañero de elenco. El reacciona favorablemente, pero ambos tienen actitudes muy distintas: ella es expansiva, afectuosa y necesitada de afecto, y también necesitada de ayuda, porque recién empieza su carrera, mientras que él es reservado, poco expresivo, celoso y, demasiado suspicaz, piensa que ella quiere usarlo. Con sus momentos de amor, rupturas, reconciliaciones, y reconsideraciones, esta relación pasará por diversas etapas, y alcanzará un inesperado y luminoso epílogo, una vez que termine el rodaje.
Hasta que eso llegue, veremos de paso cómo es el ambiente de una filmación, es decir, todo ese mundillo donde se confunden vanidades, falsedades, y entregas verdaderas, y también veremos cómo la propia película que se está rodando suele ser, varias veces, un espejo que amplía y manifiesta justo lo que están viviendo nuestros personajes (¿y acaso no es esa una de las funciones de un film, del cual los actores son también sus primeros espectadores?).
Y a diferencia de «La amante del teniente francés», donde con una mecánica similar se recalcaban los cambios de mentalidad de cada época, «La vita che vorrei» (título original, traducible como «la vida que quisiera») nos dice que esas cosas del corazón, ahora en el siglo XXI, siguen siendo exactamente iguales a como eran en el XIX.
Un romántico, este realizador Giuseppe Piccioni, el de la admirable «Fuera del mundo», sobre la monjita que se hace cargo de una criatura. Acá muestra una vez más su capacidad de observación de los sentimientos humanos, su habilidad para el relato, con dinámico empleo del montaje, y su mano para dirigir a los intérpretes, todos muy buenos, empezando por la intensa y comunicativa Sandra Ceccarelli y por el múltiple Luigi Lo Cascio, que aparece con varias máscaras dominantes hasta mostrar, por último, el rostro de una persona frágil, que tarde comprende su propia mezquindad, y la grandeza que la vida le estaba regalando. Dura 134 minutos, pero se hace corta.
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