Las fantasmales memorias patagónicas

Espectáculos

Inauguran la singular muestra de Emanuel Reyes, basada en sus recuerdos de la infancia. Sus imágenes blancas del pasado se fusionan con el incierto presente de la pandemia.

Dos instalaciones y un pedestal con aves patagónicas componen en Ungallery la exposición de Emanuel Reyes (1985). Las figuras blancas y fantasmales, el silencio de la muestra en una sala también blanca, provienen de los recuerdos del artista. Las esculturas de la fauna lugar, guanacos que parecen cervatillos, los piches o mulitas y pingüinos de formato menor del natural, están allí para provocar sensaciones y sentimientos que resulta difícil traducir en palabras. El arte suele comunicar lo incomunicable. Y en las obras de Reyes, las resonancias van más allá de su estilo figurativo, apelan a lo inefable.

Los años que Reyes vivió en Puerto Madryn, Chubut, la provincia patagónica donde la población apenas supera a un habitante por kilómetro cuadrado, están representados en la exhibición. Las figuras blancas de los animales de formas puras, limpias de todo gesto superfluo, están agrupadas en la sala principal en cinco islotes que son metáfora del aislamiento. Y no sólo representan la soledad patagónica, acaso, también, la distancia actual impuesta por la pandemia. La presencia de la naturaleza y la emoción romántica que suscita, se acentúan en una construcción de madera que invita a deslizar la mirada por el tobogán que dibuja las formas del sur del continente.

En la segunda sala se destaca un buque petrolero realizado en metal y estratégicamente ubicado sobre las envolventes mareas de las aguas color verde y azul. Un video proyecta desde el techo el mar en el piso. El espectador camina, literalmente, sobre las aguas. La muestra está hecha de sensaciones y resulta grata la experiencia de ir y venir desde la ficción a la realidad. El curador de la exhibición, Rodrigo Alonso, señala: “El barco funciona como una piedra de toque para una meditación sobre el trato que damos a la naturaleza y la lenta pero consistente degradación de nuestro entorno”. Alonso describe entonces el conjunto de pequeños pájaros tallados y pintados con especial cuidado. Agrega que, en ese pedestal, “confluyen dos de las grandes tradiciones culturales del Sur argentino: la sabiduría ancestral de los pueblos originarios y las tradiciones de las colectividades de inmigrantes galesas”. De este modo, aclara, el artista lleva al territorio del arte “las producciones artesanales de ambas comunidades”.

Desde la distancia, las esculturas atraen por su arraigo al clasicismo, el blanco trae el recuerdo de la estatuaria de mármol; al acercarse, ese perfil se desdibuja. Reyes logra el pasaje del canon de la belleza clásica que resguardan los museos, al modelo ambiguo de la belleza contemporánea. Pero, finalmente, cualquiera sea el punto de vista desde el cual se mire la muestra, el juego de las evocaciones subvierte el realismo.

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