22 de septiembre 2008 - 00:00

Las imágenes, con la fuerza de un estallido

Las visiones cósmicas de Di Paola tienen una artificialidad que pareciera guardar relacióncon el universo cibernético.
Las visiones cósmicas de Di Paola tienen una artificialidad que pareciera guardar relación con el universo cibernético.
Entre las numerosas exhibiciones que en estos días se presentan en el escenario porteño, la galería Braga Menéndez expone los paisajes abstractos de Martín Di Paola, artista que comenzó su carrera a fines de la década del 90 con una estética cercana a la del grupo que surgió del Centro Cultural Rojas. Di Paola mantiene las afinidades de estilo con los artistas que acompañaban al curador Jorge Gumier Maier, pero su figura siempre distante se ha rodeado de un halo de misterio y sus pares lo consideran un artista de culto, dato que confirma el texto que le dedica su par, Ernesto Ballesteros, que advierte «la belleza perfecta» de los cuadros y concluye con un reconocimiento a la ética del artista. «Cuando a primera vista parece ser una seductora invitación a un viaje sensorial, esta muestra es un declaración de principios» señala Ballesteros, marcando la relación estrecha entre la estética y la ética.

Lo primero que llama la atención en la exposición, es el alto grado de eficacia visual, la fuerza de choque de la pintura. Con colores saturados y fragmentos de volúmenes geométricos que se desplazan como brillantes rocas por la superficie del cuadro, el artista configura imágenes que tienen la fuerza de un estallido. El espacio que habitan estas estructuras no es un vacío pasivo ni un «fondo» anodino, es, por el contrario, una marea donde la pintura configura unos dibujos extraños y azarosos.

La otra cuestión para destacar en los paisajes mentales de Di Paola (además de los ritmos, las tensiones, el color rosado de un horizonte que parece fluorescente, las formas piramidales y todo un mundo que se disgrega), es la condición actual que exhiben las obras, arraigadas a los tiempos que corren. Las visiones cósmicas tienen una artificialidad que pareciera guardar relación con el universo cibernético. Pero el artista no utiliza la tecnología.

El material que sí utiliza Di Paola, es una pintura cuya base es la nitrocelulosa y que aplica sobre gruesas maderas que ofician de soporte. Se trata de la pintura empleada por la industria automovilística, que le permite crear efectos especiales al derramar diversos colores sobre la superficie del cuadro. Los «accidentes controlados» de la materia, parecieran avenirse a representar formas que se perciben como un torbellino.

El artista reconoce la influencia decisiva del maestro Roberto Aizenberg, presente en varias evocaciones del color, y también reconoce el aire de familia que lo emparienta con las geometrías de Magdalena Jitrik. En suma, se trata de una muestra que está casi oculta en el piso superior de la galería, pero que bien vale la pena descubrir.

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