Las vanguardias perecen, pero el cubismo desafía al tiempo

Espectáculos

Generalmente, los movimientos plásticos tienen una corta duración con excepción del realismo y el impresionismo, que han tenido larga vigencia. Algunos tienen poca vida, como el fauvismo o los nabis, e incluso el cubismo tiene su apogeo desde su nacimiento con las «Señoritas de Avignon» de Pablo Picasso, que las crea en 1907 tomando las enseñanzas de Paul Cezanne y también de los trabajos que silenciosamente estaba realizando su colega Georges Braque, que pasa de la furia del color fauvista (1904-1905) a la pintura analítica y cubista despojada de color, pero buscando darle tercera dimensión a la tela que tiene tan solo dos.

Quizás el primero que logró esto fue el recordado rosarino de quien con inteligencia se han apropiado los italianos (por aquello del «ius sanguinis») y que es presentado como artista italiano, nacido en Rosario de Santa Fe, Argentina, nuestro Lucio Fontana.

Los que más trabajaron en cubismo fueron los escultores que recién diez años después (1917) encararon la filosofía cubista con real rigor. Archipenko, Laurens, Lipchitz, Marcoussis, Miklos y nuestro Pablo Curatella Manes son las grandes figuras de la escultura cubista universal. En 1991 se llegó al tope en las cotizaciones de este movimiento, que sufrió una gran depresión en el siguiente quinquenio, donde algunos inteligentes coleccionistas y mercaderes de arte hicieron «su agosto» comprando en precios devaluados gran cantidad de estas obras.

Los Archipenko han triplicado su cotización en los últimos tres años y el 1 de junio de 2005 se llegó al punto cumbre cuando una escultura realizada en 1927 por Gustave Miklos se vendió en 8 veces más que su base, la importante suma de 1,7 millones de dólares. Con Pablo Curatella Manes ocurre otro tanto: en 2004 la casa Sarachaga vendió en 141 mil dólares la más pequeña de las tres versiones de su obra cumbre, «Los acróbatas», que mide tan solo 41cm. de altura. Hay otras de 100cm y de 265cm. que sólo se han vendido en importantes sumas en ventas privadas.

De cada una de las esculturas existen solamente diez bronces originales, y algunas como «El guitarrista» o «El acordeonista» están fuera del mercado desde hace años; algunas piezas que son réplicas y no originales han aparecido en el mercado argentino, siendo fundiciones nuevas y no autorizadas, realizadas en lo de los sucesores de Valsuani en Paris. Algún desprevenido puede estar tentado de comprarlas, pero simplemente tendra una réplica cuyo valor es el peso y artesanía en bronce, es decir tan sólo un 3% de su valor del mercado si fueran obras originales.

En nuestro Museo Nacional de Bellas Artes se pueden observar réplicas en yeso que fueran donadas por el autor a la nación, y en el Malba se puede disfrutar de dos bronces de gran calidad, sobre todo «El guitarrista», de correcta fundición y pátina.

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