8 de junio 2004 - 00:00

Laura Novoa: "Quise que mi Evita fuera de entrecasa"

Laura Novoa como Eva Perón en la película «Ay, Juancito», de Héctor Olivera, cuyo personaje central es Juan Duarte.
Laura Novoa como Eva Perón en la película «Ay, Juancito», de Héctor Olivera, cuyo personaje central es Juan Duarte.
Eva Duarte, que alguna vez fue actriz, es hoy un personaje que muchas actrices desean interpretar. A las caracterizaciones de Flavia Palmiero en «Evita: quien quiera oír que oiga», Cecilia Cenci en «Gatica», y luego Esther Goris en «Eva Perón» y «Las cosas del querer II» (sin contar a las extranjeras Madonna y Faye Dunaway), se suma ahora la de Laura Novoa en «Ay, Juancito», sobre las andanzas de Juan Duarte, secretario privado y cuñado de Perón.

El diálogo, tras el rodaje de una breve escena donde La Señora recibe un chisme acerca de su opositora Niní Marshall. Laura Novoa estaba con un toquecito «persecuta» al referirse a los contreras, ensimismada al decir cómo debe gobernarse el país, irónica al musitar un «simpática», que tanto podía referirse a las humoradas de Niní como a la alcahueta capaz de denunciarla.

Después vendrían otras escenas, como un cumpleaños familiar, o una curiosa charla con el marido sobre el robo como un hábito nacionalmente tolerable.

Periodista
: De Shakespeare a Evita...

Laura Novoa: Sí, así es. Este va Duarte
, que alguna personaje histórico es un placer y yo venía de hacer « Romeo y Julieta» en el Teatro Regio. Creo que es el sueño de cualquier actriz hacer, en un mismo año, los dos grandes mitos de mujer. Porque, aunque tengan una caracterización física completamente diferente, ambas encarnan a la enamorada frágil y al mismo tiempo fuerte, la incondicionalidad del amor, el sentido de idealización, que ella es a partir de él. Perón le da la espalda y ella lo sigue apoyando.

P.:
¿Qué otras escenas le tocó interpretar?

L. N.: La agonía, el renunciamiento por radio, es decir, lo que nunca se ha visto. Fíjese que de ese acto no hubo ni una foto. Me encantó, porque, aunque no es el discurso que más me gusta, fue como poder modelar con arcilla. Todo el día estuve con el walkman escuchándola. Pero, como temía hacer un estereotipo, no quise quebrar mi voz, hacerla más disfónica, como ella se ponía cuando gritaba en público, así que traté de bajar los decibeles.


P.: Vale decir, una Evita menos histriónica.

L. N.: Esther Goris hizo una Evita estupenda. La gente joven, cuando piensa en Evita, la imagina como Esther Goris. Pero lo lindo de esta película es que se ve una Evita de entrecasa.


P.:
En 1945 Héctor Olivera la conoció de entrecasa con el coronel, un día que él iba a otro departamento y tocó el timbre equivocado.

L. N.: Sí, me lo contó, entonces yo la hago de entrecasa, charlando con la madre, o retando cariñosamente al hermano por sus picardías. Traté de hacer, por ejemplo, el lazo afectivo con algo que todos tenemos en común: cuando alguno de la familia mete la pata y se lo recriminamos en privado mientras lo defendemos en público.


P.:
Pregunta indispensable, ¿cómo compuso el personaje?

L. N.: Cuando me llamó Olivera me sorprendió. No pensaba ser tan parecida a ella, hasta que me teñí el pelo y me pusieron el rodete. Bueno, soy una actriz muy obsesiva. Entre otras cosas, para componer el personaje hablé con una mujer que la conoció, la señora Rosa Manguell, de 89 años, esposa del primer embajador de Israel en Argentina. Ella me contó rasgos más personales. Por ejemplo, cómo comía Evita, cómo tomaba los cubiertos. Era una persona muy bien educada, me dijo. Bocachona, es cierto, y cuando hablaba con los obreros se ponía más rea, pero era muy bien educada. Para mí esto es muy importante: no la quise hacer bruta. No era culta, quizá, pero no era bruta. Bien dicen que su mejor personaje fue ella misma. Ahora todos componen desde la imagen, pero ella lo hizo antes, ¡y sin ningún asesor de imagen! Equivocada o no, no era falsa. Creía de verdad que podía salvar a este país.


Entrevista de Paraná Sendrós

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