Gusmán: desencuentros, encuentros y despedidas

Espectáculos

El autor de “El frasquito”, “Hasta que te conocí” y “Hotel Edén” acaba de presentar “Flechazos”, un libro de cuentos, semblanzas líricas y anécdotas.

La literatura como reflejo de la vida está atizada por “encuentros, desencuentros y despedidas”, Luis Gusmán en “Flechazos” (Emecé) reúne un atractivo catálogo de esas situaciones en forma de cuentos, semblanzas líricas, anécdotas que tienen como protagonistas (a ellos o a los personajes que crearon) de Cortázar a Borges pasando por Flaubert, Pasternak y Rilke, Highsmith y Silvina Ocampo, Chejov, Faulkner, Mujica Laínez, María Moreno y Chandler entre muchos otros. Gusmán ha publicado, entre otros libros, “El frasquito”, “Villa”, “Hotel Edén” y “Hasta que te conocí’’. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo surge esta colección de situaciones?

Luis Gusmán: Empecé por encuentros y creo que después se coleccionaron solos. A medida que se iban escribiendo parecía que fuera como Bouvard y Pécuchet que no hay uno sin otro. Esos encuentros, desencuentros y despedidas se fueron entrelazando y ahí me di cuenta de que venían muy juntas esas tres figuras. Un día a un chico poeta le conté que usé como epígrafe la frase de Paul Géraldy “El más difícil no es el primer beso, sino el último”; me dijo “bueno, el primer beso puede ser el último, el del desencuentro”. Una vez más esos tres hechos estaban entrelazados. Los encuentros me permitieron una escritura lírica. Los recuerdos siempre convocan a la lírica, a la poética. Uno de los encuentros más hermosos es el que cuento en “Un sueño ajeno” en que Marina Tsvetáieva, que se cartea con Boris Pasternak. Pasternak le hace gancho con el seductor Rilke. Hay un triángulo de cartas, de relaciones peligrosas. Las palabras los llevan al encuentro, aunque no lleguen a encontrarse. Ella, tras tantos desencuentros, le escribe “acaso nos encontremos en un sueño ajeno, quizá otro nos sueñe juntos”. Es notable que lo primero que se pierde tras una despedida es la voz de la persona. Y donde se produce el mejor reencuentro es en un sueño. Te pone en presencia, vívidamente, ante quien ya no está, es impresionante, de ahí el deseo de Marina Tsvetáieva.

P.: Enrique Pichon-Riviére sostenía que los encuentros y despedidas son momentos fundantes de las emociones.

L.G.: No se sabe exactamente cuándo se da realmente el encuentro, y no se termina de saber hasta dónde una despedida es una despedida, salvo en casos realmente terminales. Siempre hay una tensión que liga encuentros y despedidas como un oxímoron. Simenon dice que para escribir una novela lo primero que piensa es en el sexo del protagonista, luego cuántos años tiene, dónde vive y dónde trabaja, después viene el azar y comienza la peripecia. Recuerdo que a un paciente al que le cambié el horario tuvo que empezar a venir desde otra zona, y eso lo llevó a encontrarse casualmente con su primera novia, ahí empieza otra historia. El encuentro tiene a veces el sentido de iniciación. En “Primer amor”, cuento en que Renzi, es decir Ricardo Piglia, confiesa cómo se enamora de Clara, una compañera de la primaria, una relación sin futuro pero que lo lleva a decir: “No conservo ninguna fotografía, sólo su recuerdo, pero en cada mujer que he querido estaba Clara”. El primer amor está ahí, dispuesto para en algún punto perderse.

P.: ¿Surgieron como “flechazos” las historias de su libro?

L.G.: Algo así, encontraba frases que me llevaban a historias, por caso la frase de Elliott Chase “tu amor estaba ahí donde era fácil de encontrar y fácil de perder” fue una brújula, me llevó a contar en “Espérame, Nena” la trágica historia de amor de los personajes de “Mi ángel tiene alas negras”, de dos que se encuentran y se pierden. “Encontrará a la Maga”, frase de “Rayuela” que marcó a una generación me llevó a contar esa búsqueda. La frase de Borges “la ceguera fue piadosamente gradual” el último día que ve la luz me llevó a “Todo lo cercano se aleja”. Así como Borges en “Kafka y sus precursores” dice que Kafka influyó en Melville, yo podría decir que este libro fue escrito por la pandemia. Fue escrito antes, pero el efecto que tuvo en los lectores tiene que ver con los encuentros, desencuentros y despedidas que hemos vivido. Les remite retroactivamente a familiares y amigos, a conocidos y desconocidos que ya no están. Para mí tiene más que ver con la invención de un género, del encuentro con una forma, la de “flechazos”, que ahora pueden continuar otros. Acaso, en ese sentido, me lleva a decir que una vez que se estableció la forma el libro se escribió solo.

P.: ¿Cómo surge el título “Flechazos”?

L.G.: No sabía que título poner, acaso porque había publicado hacía poco la novela “Hasta que te conocí”. A medida que le fui mandando los textos a Mercedes Güiraldes se le ocurrió que tenía que llamarse flechazos. El periodista Alejandro Bellotti escribió “cómo dice Hegel, el subtítulo es el verdadero título”. No sabía que Hegel había dicho eso. Y es cierto, el verdadero título es encuentros, desencuentros y despedidas. Explica que los flechazos no tratan de encuentros amorosos. A mí más que la flecha me gustaba ese “cuchillo volador, flecha que se deja empuñar”, que es la imagen para Borges de “el largo alcance de las palabras”.

P.: ¿Siempre las palabras lo llevaron a “flechazos”?

L.G.: Cuando estaba escribiendo el policial “No quiero decirte adiós” que se va a publicar más adelante, recordé que en un policial el detective se dice “anoche no soñé”. Eso me llevó a leer policiales para ver si soñaban o no los detectives. Mike Hammer sueña con soldados alemanes, los posteriores con soldados vietnamitas. “La llave de cristal”, de Hammett, se inicia con un sueño, y en “El sueño eterno” de Chandler, Marlowe “sueña como Proust”. Y entonces me puse a escribir sobre “por qué sueñan los detectives”.

P.: ¿Qué está por publicar ahora?

L.G.: Sale “Avellaneda profana” en Ampersand. Una de las cosas más lindas que me pasó es que me nombraron “persona destacada de la cultura” en Avellaneda. Después aparecerán los “Cuentos reunidos”, en Edhasa, con prólogo de Martín Kohan. Finalmente, “Dos extraños”, una novela de tango, historia de un cantor de tangos que se queda sordo.

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