Irina Podgorny: "Ameghino siempre se propuso ser el gran científico nacional"

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Un hombre que no fue, como se cree, el hijo autodidacta de inmigrantes pobres, sino un investigador que se valió de múltiples recursos.

El lucro comercial que lleva a exploraciones pioneras, la voluntad de sumar saberes que hace que de preceptor avance a maestro y de ahí a naturalista, paleontólogo, zoólogo, antropólogo y, finalmente, el gran científico nacional, es lo que cuenta Irina Podgorny en “Florentino Ameghino y hermanos” (Edhasa) llevando de modo cautivante a un mundo de aventuras donde ciencia, educación, prensa y política no paran de cruzarse. Podgorny es doctora en Ciencias Naturales (UNLP), y ha publicado “El sendero del tiempo y otras causas accidentales”, “Charlatanes. Crónica de remedios incurables” y “La momia que habla”. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Los diarios le anticipaban a Ameghino lo que tenía que decir?

Irina Podgorny: Era una prensa facciosa con claros intereses políticos. Los medios buscan modelar la subjetividad de la gente. Titulan: “El colmillo de mastodonte descubierto se le escapó a Sarmiento en su discurso de Chivilcoy”. Un dato científico les sirve para burlarse de Sarmiento a la vez que toman en cuenta un hallazgo paleontológico. La prensa interviene, presiona, toma partido sobre quién va a ser director de una escuela o Presidente de la Nación. Esa prensa facciosa hace que haya gente que busque su apoyo porque de otro modo no consigue nada. Esa prensa muestra a los investigadores cómo conseguir dinero para hacer ciencia, explorar, tener un museo de ciencias naturales o conseguir recursos que el Estado no está muy dispuesto a darles.

P.: ¿Los medios modelaron la identidad de Ameghino?

I.P.: Él, que no llevaba un diario de su vida, sabe quién es recortando lo que la prensa dice de él. Ese registro, que guardaba metódicamente, muestra cómo esas cosas entran en él y modelan su subjetividad. En esas carpetas, que encontré en la estancia Los Talas de Jorge Furt, hay datos de la vida de Ameghino, de su labor científica, de sus peleas -contadas como un folletín-, de los embrollos en que están metidos él y sus hermanos.

P.: ¿Cómo “el loco de los huesos” llega a ser el gran científico nacional?

I.P.: Para mi tesis doctoral revisé manuales escolares de fines del siglo XIX a 1980 y en ellos Ameghino aparecía constantemente. En 1997 escribí “La santidad laica del científico” reconstruyendo lo que habían hecho que una biografía de Ameghino lo presentara como un sabio incomprendido, ejemplo de virtud moral, olvidado por el poder y el Estado. ¿Olvidado? De ninguna manera, tiene homenajes todo el tiempo. Fue durante años, junto a San Martín, una de las figuras más celebradas. Luego investigué el trabajo paleontológico en la Patagonia, donde Ameghino quería probar que ese había sido el lugar de origen de los mamíferos más primitivos. En 2011, centenario de su muerte, yo, que había dejado de trabajar sobre él, fui convocada a congresos y homenajes. Ahí me di cuenta de que ahora tenía ojos para ver lo que no había visto, personajes a los que no había prestado atención, y poseía una visión precisa de la práctica de la ciencia como un hacer cooperativo en amistad, enemistad o en alianza. El libro es el resultado de veinte años de trabajo.

P.: ¿Cómo llega un argentino autodidacta a científico internacional?

I.P.: Autodidactas en ese tiempo eran todos. El que no era autodidacta era médico. Ameghino estudia para preceptor y es maestro. Vive en una región, como Luján y Mercedes, donde los fósiles abundan. También abundan los interesados en buscar, comprar y vender fósiles. Testigo de ese interés, tomó en cuenta que los fósiles tienen valor científico y monetario. Sabe de ovejeros y agricultores que coleccionan fósiles y los venden en París. A diferencia de ellos, él hizo de eso una carrera, se quedó tres años en Francia, estudió, visitó museos, yacimientos paleontológicos, trabajó con científicos del Museo de Ciencias Naturales de París.

P.: ¿Es cierto que fue tildado de corrupto?

I.P.: No, lo criticaron por vender sus colecciones en París, pero eso lo hacían todos. Eso no lo controlaba nadie. La ley que decretó la propiedad de la Nación sobre los yacimientos arqueológicos es posterior. Él, más que vender fósiles, quiso hacer carrera como paleontólogo, ser una figura científica. Se ha insistido sobre el Ameghino aislado, suelto, autodidacta. El genio de La Pampa hijo de inmigrantes pobres, que sale de la escuela pública y se vuelve un sabio. Yo busco demostrar que ese Ameghino nunca existió. Estudió, investigó, desarrolló nuevas ideas, trabajó con otros científicos, y así se volvió una figura de referencia nacional e internacional.

P.: Por ser uno de los que inauguraron nuestra ciencia, ¿qué señaló?

I.P.: La vida de los Ameghino muestra que la investigación científica se practicaba a costa de la inversión privada del que hace la investigación. A él la venta de fósiles le sirvió para financiar las investigaciones que su hermano hacía en la Patagonia, subsidió lo que luego va a ser vendido como gloria nacional. Esto muestra la debilidad de las instituciones argentinas, y la importancia que siempre tuvo la negociación personal para que algo pasara de una manera u otra. En eso la prensa puede ayudar a que las iniciativas individuales prosperen o no. Son todos favores. No es que la política nacional quiere explorar la Patagonia. No, le hacen un favor a ese señor que es muy conocido afuera. La vida de Ameghino, sus hermanos, sus amigos, muestra el lado débil de las instituciones en un momento en que se acostumbra a pensar que había un plan muy orquestado entre ciencia y nación para dominar un territorio que se estaba incorporando al interior de las fronteras nacionales. Me gustaría que “Florentino Ameghino y hermanos” se leyera como una revisión, como una nueva visita a ese tópico de esa hermandad fuerte entre ciencia, nación y política que suele leerse.

P.: ¿Qué está escribiendo?

I.P.: Ahora sale el libro “Los argentinos vienen de los peces”, una apostilla de este libro, y estoy escribiendo la biografía de un charlatán de feria de tiempos de Ameghino.

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