Recobrar a un gran novelista: Manuel Peyrou

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El autor de "El estruendo de las rosas" fue amigo personal de Jorge Luis Borges.

Se lo suele citar como promotor de la novela policial argentina. Fue ese amigo al que Borges, en un poema, lo llama su hermano. Manuel Peyrou fue abogado, periodista, editorialista, miembro de la revista Sur. Publicó novelas y cuentos. Con “Decadencia de la antropofagia” (Libros del Zorzal) concluye la publicación de los nueve libros que recuperan la obra completa de Peyrou, proyecto editorial de Héctor M. Monacci, que estuvo a su cuidado. Monacci , licenciado en Letras, es funcionario de carrera del Servicio Exterior. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué lo llevó a la obra de Peyrou?

Héctor M. Monacci: Había en casa un par de sus libros, que heredé de mi padre. Volví a sus cuentos y me volvieron a sorprender. Me ha pasado releer años después a un autor que admiré mucho y decepcionarme. Pero Peyrou es un autor que envejeció muy bien.

P.: Borges temía que no ocurriera eso porque “a lo largo de toda su obra se observan esos buenos modales que hoy parecen arcaicos”. Bioy Casares fue más mordaz.

H.M.M.: Bioy en su “Borges” pone frases de ese tipo a veces en boca de Borges, a veces no. Hay algo de rivalidad entre Bioy y Peyrou. Fueron amigos. Compartieron miles de veladas literarias, pero el mundillo cultural era competitivo. Se peleaban por quién gana tal premio y quién ninguno. Lo cierto es que la mayoría de los que logran alguna fama luego entran en un cono de sombra. Es el fenómeno más frecuente. El que logra pervivir es la excepción. A medida que conseguía los libros de Peyrou que no había leído vi valores literarios altos.

P.: Perteneció a la tradición de abogados que no ejercen y se dedican al periodismo...

H.M.M.: No tenía vocación para eso. Superó la disciplina con cierta facilidad. Se recibió más o menos rápido, no le interesaba ejercer. El periodismo tenía el atractivo que ha tenido siempre. La vida nocturna estaba más asociada con el periodismo y la literatura que con el ejercicio de Derecho, y Peyrou era un bon vivant que disfrutaba del centro, comer y beber, las salidas. Perteneció al círculo dorado de Borges, Bioy, Bianco, Cortázar. Ganó premios pero fue poco amigo de promoverse, de la corrección política, hacía bromas inconvenientes para el futuro de su obra.

P.: Se lo considera promotor del policial argentino. Pero para Walsh eso empezó con Bustos Domecq (Borges y Bioy), y para otros con el cura Castellani.

H.M.M.: Si hay un grupo de la literatura argentina del siglo XX asociado con la idea de elitismo es el de la revista Sur. De eso los acusaban. Ninguno se sentía demasiado mal de que los acusaran de eso porque aspiraban a lo mejor. Insistieron en el género policial, que era popular, algo típico del diario Crítica. Con la colección El Séptimo Círculo trajeron lo mejor del género a la Argentina. Peyrou entró en esa colección con “El estruendo de las rosas”.

P.: Practicó la literatura comprometida con sus libros contra el peronismo...

H.M.M.: Esa vertiente está sobre todo en sus novelas. Hay varios planos de las novelas que son valiosísimos más allá de los de las expresiones de sus preferencias políticas. Hay palos para un montón de sectores. Para el peronismo en el gobierno desde ya, pero en general hay más palos que zanahorias. Hay también momentos mordaces contra los que posan de tener estancias o los que hablan de cierto modo para parecer que son de una clase social y no lo son. Indudablemente era un individualista más conservador que otra cosa.

P.: Sus amigos festejaban tanto sus ingeniosos epigramas como sus críticas punzantes.

H.M.M: Era uno de los campos que dominaba, el humor. Algo que compartía con Borges. Eso en Peyrou se manifiesta en sus cuentos satíricos y en comentarios que recorren toda la obra, y que suman atractivo a la lectura.

P.: Borges le dedica un poema donde lo trata de hermano. Se dice que es porque Peyrou lo ayudó a salir de la depresión del rechazo de Estela Canto.

H.M.M.: Hacían largas caminatas, tenían constantes charlas. Nunca pasan al vos, se mantienen siempre en el usted. Hay un diálogo que si bien es de amigos íntimos solo tiene una dirección. Borges por ejemplo le confiesa la angustia que está viviendo por ese desengaño amoroso al que usted se refiere, y Peyrou le termina recomendando un psicoanalista. A la inversa eso no ocurre. Peyrou no cuenta nada suyo. Un día medio de casualidad se enteran de que se había casado años atrás, y nunca había dicho nada. Se casó grande, a los 60. Seguía viviendo en su casa y su mujer en la suya. Todo lleva a pensar que fue un bon vivant que tuvo una vida de mujeriego. Su primer libro “La espada dormida”, publicado por Sur, lo dedica “a la memoria de Nelly Molina”, mujer de la que estuvo muy enamorado y con la que se iba a casar y de pronto se murió. Ella le dejó una pequeña herencia que él usó para publicar ese primer libro.

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