8 de noviembre 2005 - 00:00
Liliana Vitale: "Lo digital es demasiado perfecto"
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La cantante dice que tanto para sus recitales como para el disco que acaba de publicar hoy elige canciones, propias y ajenas, «que ya no están tan íntimamente ligadas a mi historia personal».
Periodista: Pese a ser usted una muy buena pianista, el canto parece seguir siendo el punto central de su trabajo.
Liliana Vitale: Sin dudas, cantar es lo que más me gusta. Aunque he estado estudiando mucho el piano y ahora siento que puedo tocar con buenos músicos y sentirme cómoda. El eje siempre es el canto, allí es donde me siento más segura.
P.: ¿No se siente tentada a trabajar más con la música electrónica?
L.V.: Trato de abrir mi cabeza para poder percibir qué está pasando de nuevo. Y no tengo prejuicios con ningún tipo de expresión. Pero a la hora de hacer mis materiales, hay una mayor inclinación hacia el sonido acústico. Peleo contra los condicionamientos mentales, pero sigo sin ser muy hábil manejando una computadora. El disco que yo misma produje, de todos modos -y gracias a la ayuda de mi hermano Lito- se hizo utilizando el mundo digital. Lo que no me seduce de lo digital es la perfección. Sigo prefiriendo el sonido humano en comunión con la percepción que se da por el rebote en un ambiente determinado a la limpieza del sonido digital. La voz es un producto de la motricidad fina; y con esa posibilidad humana me gusta trabajar.
P.: ¿Y cómo llegó a incluir temas como «Animal tierno y fácil» de Fontova o «El viento trae una copla» de Cordera que en otros tiempos quizá no hubieran formado parte de un disco suyo?
L.V.: Los discos un poco se planean y otro poco se van haciendo solos. De las veinte canciones que tenía seleccionadas originalmente quedaron catorce y no salieron las seis que yo imaginaba de antemano. Me propuse honrar la forma canción, buscar temas que me dieran ganas de cantar y que a la vez tuvieran que ver con mi situación como ser social. Y me parece que esta selección, así como está presentada, es coherente con el momento en el que estoy viviendo. Quizá haya influido en mí el «argentinazo» de 2001; pero en todo caso, fue un proceso más inconciente que premeditado.
P.: ¿Pero no lo considera un disco muy diferente a los anteriores?
L.V.: Sí, lo es. «La vida en pliegues» se grabó en el '90 aunque apareció doce años después; y «Siete cielos» se hizo en 2003. Y son discos totalmente distintos. Aquí hay canciones que recorren distintos géneros latinoamericanos, mías y de otros autores, que tienen que ver con el desamparo como motor de la conciencia. Lo que tiene quizá de distinto este nuevo álbum, es que ya no está tan íntimamente ligado a mi historia personal. Seguramente, es parte de un proceso que llega con los años vividos, con la actitud de no quedarse con las ganas de hacer cosas, con el deseo de vivir las cosas tal como se van presentando. Generalmente, las canciones que interpretaba buscaban hacia el lado de la poesía, de las referencias a la vida pero desde un lugar menos terrenal. Aquí, en cambio, siento que hay un mayor cable a tierra; algo que muchos me reclamaban de distintos modos.
R.S.



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