30 de julio 2007 - 00:00
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Quentin Tarantino, en su último film, «Death Proof», rinde
homenaje a las «malas» películas que veía en los continuados
en su adolescencia.
P.: ¿Cuál sería su definición de una película de Serie Z?
Q.T.: Cine en estado puro. Y la fusión perfecta entre sinceridad y sensacionalismo. Hay que ver muchas hasta encontrar las joyas. Hay películas elegantes como «Yo caminé con un zombie» o miniaturas que son gemas como «DOA»... Y hay muchos «autores» que afilaron sus colmillos en sus comienzos en el «pulp» y me refiero a Walter Hill, Martin Scorsese, Kathryn Bigelow, Monte Hellman, Anthony Mann, Budd Boetticher, Jonathan Demme o John Sayles. Así que el que esté exento de culpa que tire la primera piedra.
P.: ¿Recuerda las primeras películas que vio en un Grindhouse?
Q.T.: Películas de Godzilla, comedias sexuales italianas y alemanas, los thrillers de Edgar Wallace, films de horror españoles, blaxploitation, producciones de kung-fu...
P.: Elija tan sólo un título.
Q.T.: «Faster Pussycat Kill! Kill!», la obra maestra total de Russ Meyer.
P.: «Death Proof» es básicamente una feroz persecución entre dos autos «vintage». Ni John Frankenheimer o William Friedkin lo superarían.
Q.T.: Soy un apasionado de las persecuciones de coches... pero ya no son lo que eran. Desde que entraron los efectos digitales, carecen de sentido, no provocan emociones, tensión, adrenalina... La gran última persecución fue la de «Terminator 2» por el canal seco de Los Angeles. Por eso, en «Death Proof», todo es auténtico, no hay ni un solo efecto.
P.: La actriz Zoe Bell aguanta toda la persecución en el capó del coche.
Q.T.: Nunca fue doblada. Zoe fue su propia doble de acción. Todas las actrices parecen de películas sexoleras. Hubo algunas con cualidades de estrella. Recuerdo a Candice Rialson, que murió el año pasado. Eran todas ultrasexies, con unos cuerpos perfectos para quitarse la ropa. Cuerpos y espíritus de amazonas. Y con mucho sentido del humor.
P.: «Grindhouse» fue una de las películas más esperadas en EE.UU. Sin embargo, la crítica se mostró dividida y el resultado de taquilla (25 millones de dólares) fue lejos de ser un taquillazo. ¿Se ha sentido decepcionado?
Q.T.: Digamos que la primera semana no terminó de arrancar. Pero creo que funcionó muy bien con el público. Vi la película de incógnito por diversas áreas de Los Angeles y la gente se reía y aplaudía. Tengo mis dudas acerca de si la gente quería ver realmente dos producciones al precio de una entrada.
P.: Kurt Russell, a los 56 años, está muy bien...
Q.T.: Sin embargo, no escribí pensando en él. A veces, escribo con un actor en la mente y si no puede trabajar conmigo es una frustración. Aunque a veces opera en un sentido diferente. Creé el personaje de Stuntman Mike pensando en el Mickey Rourke sensacional de Sin City. Quedamos, nos caímos bien, pero el trabajo no resultaba. Le recuerdo que el Vincent Vega de Pulp Fiction lo escribí para Michael Madsen y lo acabó haciendo Travolta. O el Bill de Kill Bill iba para Warren Beatty y lo hizo David Carradine. Cuando el actor que tenía previsto no puede, a veces el resultado es un trabajo más libre, al tener que hacerlo en una dirección totalmente opuesta.


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