Queda feo decir que lo mejor que se ha visto hasta ahora en lo que va del 8vo. Festival porteño de cine, vulgo Bafici, ha sido «El acorazado Potemkin», una obra que ya tiene 81 años, pero ese es el chiste que hoy corre en el ambiente. Del resto, durante Semana Santa, se vieron muchísimas curiosidades, varias cosas buenas, y otras tantas decepciones, pero muy pocas obras de real jerarquía, independientes o no.
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Por supuesto, «El acorazado Potemkin», muy bien resaltado, por la música en vivo (una orquesta de 56 profesores), sobre todo en los momentos de suspenso. De la restauración de ese clásico y de otros como «Metrópolis», hablará hoy a las 18, en el Instituto Goethe, el profesor Ennio Patalas, auténtica eminencia mundial en la materia. «The War Game», impresionante mediometraje producido por la BBC en 1965 para informar al público sobre cómo sería una guerra nuclear.
«Mi Julio Verne», del franco-chileno Patricio Guzmán, donde un astronauta, un astrónomo, un espeleólogo, un submarinista, etc., cuentan cómo son sus profesiones, y cómo la lectura de Verne les hizo amar para siempre la aventura y la ciencia. «Double Dare», celebración del gusto norteamericano por la vida de acción, a través del documental de dos dobles de riesgo: la madre, que fue doble de La mujer Maravilla y a los 64 años todavía trabaja, la hija, doble de Xena y Kill Bill, y los chiquitos de la familia, que ya andan dando saltos.
«Le doux amour des hommes», «A travers la foret» y, en especial, «Toutes ces belles promesses», todas de Jean-Paul Civeyrac.
Historias de amor más allá de la muerte, breves, bien hechas, y (cosa singular en este festival) fuertemente heterosexuales. «Citizen Dog», agridulce fábula tailandesa, tremendamente ingeniosa, sorprendente, hiperbólica en varios sentidos, incluso divertida, sobre el amor de un joven por una chica que busca su ideal.
«El caudillo pardo», del peruano Aldo Salvini, documental sobre un hombre a quien las muchas lecturas y las desgracias familiares le han secado el cerebro, y lo han lanzado al consuelo de un mesianismo nazi-judaico bastante penoso.
Lo más flojo está en las secciones de competencia, donde al menos pueden señalarse dos buenos trabajos nacionales de gusto minimalista («El árbol» y «El amarillo»), y otro, también nacional, bastante crudo y sentido sobre la vida en provincia («Glue - historia adolescente en medio de la nada»). También, dos documentales ya precalentados en Mar del Plata: el criollo «Porno», bucólico registro de un rodaje para adultos, y el mexicano, «En el hoyo», de Juan Carlos Rulfo, sobre los obreros de las grandes autopistas aéreas del Distrito Federal. El título es tentador, como para cerrar este comentario, pero el festival todavía no llegó a la mitad. Quizás hoy mejore.
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