15 de julio 2002 - 00:00
"Lo privado puede ser escandaloso, pero no gracioso"
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Carlos Perciavalle
Periodista: ¿Qué nuevos personajes aparecen en su show?
Carlos Perciavalle: Camila Parker Bowles, la amante del príncipe Carlos de Inglaterra. Aunque pensé que en Punta del Este no la conocía nadie, tenía ganas hablar de esta mujer que no quiere ser reina, que prefiere ser la otra, la ilegítima y que tiene pasión por el low profile. Curiosamente todas las críticas, incluso las que me hicieron ahora en Mendoza y San Juan, hablan de ese personaje como el más logrado del espectáculo. Se ve que había mucha gente que la conocía. Luego está «La extraña pasajera», una mujer que vivió dominada por su madre y que nunca tuvo una relación sexual. De chica le dijeron: «Del ombligo para abajo es cola y no hay que preguntar». Recién cuando su madre muere toma la primera decisión de su vida y se dedica a viajar. También está «La viuda alegre» que es todo lo contrario, va de un hombre a otro alegremente y sin ninguna culpa. Está algo inspirada en uno de los personajes de «Sex and the City», pero con el Imperio Austrohúngaro como fondo. También incluyo una conversación telefónica con Steven Spielberg, que me convoca para filmar «Jurassic Park IV» y a Rocco Gastaldi, el bebé cibernético de Marcela Tinayre.
P.: ¿Por qué incluyó a este personaje?
C.P.: En realidad es como un homenaje a Daniel Tinayre al que amé profundamente; yo debuté con él de muy jovencito en «La cigarra no es un bicho», después tuvimos muchos encuentros cuando compré los derechos de «La mujer del año» que en un principio la iba a hacer Chiquita Legrand. Nunca he visto a un hombre que le gustaran tanto las mujeres como a él. Siempre me citaba en un bar donde iban las mejores modelos de Buenos Aires. ¡Todavía me acuerdo de los ojos que ponía Daniel cuando veía pasar a todas esas mujeres divinas! Entonces, aparece Rocco que ya de chiquito adora a las mujeres y adora que sus niñeras lo acaricien y le pongan el chupete. Durante un tiempo lo dejé de hacer, cuando por dificultades que todos conocemos pusieron en prisión al padre de este chico. Me pareció que eso era aprovecharse de una coyuntura desagradable. Yo la quiero muchísimo a Marcela, gracias a ella debuté en París con mi espectáculo «Uno a querer» con unas críticas brutales, mucho antes que Marilú Marini y Alfredo Arias empezaran a ser conocidos allí. Hay pocas cosas que la gente sabe y es que cada vez que hice referencia a un personaje popular, siempre informé de lo que iba a decir en el escenario a la persona involucrada. Nunca hubo una sorpresa o un golpe bajo, que después algún periodista lo haya querido aprovechar para inventar alguna pelea... ya no es cuestión mía, mi conciencia está tranquila.
P.: Aún así, a Mirtha Legrand no le gustó nada que usted y Gasalla la trataran de obesa en su último show...
C.P.: Pero ella nos había dicho antes del estreno: «Los autorizo para que digan de mí lo que quieran». A ninguna mujer le puede gustar que le hablen de sobrepeso, pero ella de alguna manera nos pertenece a todos como la reina de Inglaterra pertenece a su pueblo, es una figura pública. Pero yo jamás me metería con su vida privada, hay millones de cosas que yo sé y que nunca voy a decir. Los asuntos privados pueden ser escandalosos pero no son graciosos.
P.: Hoy son legión quienes los utilizan para convocar más público.
C.P.: Pero ése no es el destino de un artista. El artista está para otra cosa, por eso no me gusta la televisión. En este momento, es como si los productores pensaran que lo único que vende es el conventillo. Entonces ¿qué ofrecen? un tipo parado junto a un panel de sordos, donde nadie escucha lo que se habla y un invitado para hacerlo pelota. Prefiero ver las sitcoms que pasan por cable.
•Destape tardío
C.P.: Es un gran adelanto, porque una vez que se explicita algo así tenés que demostrar tu talento más que nunca. Yo siempre he hablado de mi homosexualidad con absoluta tranquilidad, jamas se me ocurrió mentirle a mi público, ni inventar un romance, ni nada. Pero parece que en ese sentido el destape llegó a Buenos Aires con 20 años de atraso. En realidad, todo en este país parece llegar veinte años más tarde.
P.: Ahora se dispone a trabajar con Fernando Peña. ¿De quién fue la idea?
P.: A usted que apuesta siempre al «glamour» en sus espectáculos ¿no le resulta muy agresivo lo que él hace?
P.: ¿Tan mal estuvo Peña?
P.: Ustedes son muy distintos.
C.P.: Pero hacemos una buena combinación.
P.: ¿La misma que lograba con Antonio Gasalla?
C.P.: Fíjese, más opuesto a mí que Antonio... y siempre funcionamos bien. Fernando es un artista enorme y esa habilidad que tiene para hacer de señora paqueta y enseguida transformarse en un viejo o en un chico de la calle es extraordinaria. Además me di cuenta de que todo lo que en él puede parecer agresión, en realidad es una forma de amor. Fernando logra una catarsis total en sus espectáculo. Cuando te elige en una función, te puede llegar a decir cosas terribles -a mí me dijo de todo-pero al final te termina haciendo un bien, a vos y a todo el público. Gerardo Sofovich, al que yo también quiero mucho, aunque algunos digan...bueno, nada, no necesito justificarme. Muchos no saben que en el ambiente artístico es más lo que compartimos que lo que competimos. La cuestión es que Sofovich me preguntó: «¿Lo vas a aguantar a Peña?» y yo le contesté: «Te aguanté a vos ¿no lo voy a aguantar a él?». (Se ríe)



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