23 de marzo 2007 - 00:00
"Lo que acá es sátira, en España es realismo"
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Tras cuatro años de trabajar fuera del país, sobre todo en España, el director y dramaturgo Rafael Spregelburd estrenó en el Xirgu «Lúcido» y «Acassuso», y prepara «La paranoia» y «Bloqueo».
P.: Muchas de sus obras responden a encargos provenientes del extranjero, sobre todo de
Alemania, pero ninguna se ha exhibido en el circuito comercial ¿cómo fue que «Lúcido» logró traspasar esa frontera?
R.S.: «Lúcido» es una obra que me comisionó un grupo de actores catalanes y la ensayamos en Buenos Aires. Fue una experiencia muy extraña porque monté dos versiones en paralelo: una en catalán («Lùcid»), y esta otra en español que estrenamos en el Xirgu. Para nosotros, la obra pertenece al teatro alternativo debido a sus condiciones de producción, pero en Barcelona ha funcionado como una obra de teatro comercial. De hecho en Madrid la va a estrenar Charo López junto a Javier Cámara. Los protagonistas son una madre algo desquiciada, un hijo que no puede desprenderse de ella y una hija que viene a ajustar cuentas tras 15 años de ausencia. Pero el argumento es lo de menos, ya que la obra mezcla sueño y realidad y distorsiona los distintos puntos de vista de sus personajes.
P.: ¿Por qué los críticos españoles la consideraron una obra realista?
R.S.: Creo que ellos llaman realismo al hecho de que la escenografía es más o menos real y de que los actores, cuando dicen que comen, comen de verdad. En España, hay una enorme literalidad en la comunicación, sobre todo en Madrid. Tan es así que cuando dialogo con la prensa de allá, me cuido mucho de hacer bromas, porque ya sé que no van a saber interpretarlas. Aquí es al revés, porque cuando los argentinos tenemos que decir las cosas tal como son y sin vueltas, siempre nos encontramos en problemas.
P.: ¿Cómo presentaría usted a esta obra?
R.S.: El procedimiento es más importante que el tema -la hermana que dona un riñón a su hermano agonizante y vuelve quince años más tarde a reclamarlo-, ya que la obra intenta transformar esto de la mentira y la ilusión del sueño en una reflexión sobre teatro. A diferencia de otras obras mías, «Lúcido» tiene un final triste y desolador. Los espectadores catalanes salían llorando del teatro. Pero tal vez están acostumbrados a tomarse muy en serio todo lo que uno les da. Nosotros tenemos una mirada más irónica. No creo que ningún espectador argentino tome por ciertas las absurdas indicaciones que le da el psicoterapeuta al protagonista.
Entrevista de Patricia Espinosa



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