19 de junio 2001 - 00:00
López Armentía apunta hoy al mundo de la información
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Desde 1984, López Armentía ha realizado una carrera internacional muy importante, participando en galerías y museos de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. En estos últimos cinco años, realizó cinco exhibiciones en la Galería Reece, de Nueva York; en el CAYC, Centro de Arte y Comunicación, de Buenos Aires; en Paulo Figueiredo, de San Pablo; en el Museo de Arte Moderno de México, en la Galería Beau Lezard, París; en el Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro y en Copenhague, en la muestra Container '96 Arte a través de los Océanos. También participó en la Bienal de Cuenca (Ecuador), 1987; la Bienal de San Pablo, 1988; el Museo del Bronx, 1989, la Bienal de El Cairo, 1995; la Bienal de Venecia, en 1997; en Culturgest, Lisboa, 1999. Fue representante exclusivo por la Argentina en la Bienal de Lima y, en ese mismo año, en la Bienal del Mercosur.
Lo que López Armentía viene afirmando es que la identidad humana es ambivalente, imprecisa, difusa y, sobre todo, compleja, una extraña combinación de fugacidad y trascendencia, de azar y destino. Sus últimas obras atañen al mundo de la información en el cual vivimos. López Armentía, en rigor, observa el continuo movimiento del hombre en la Tierra que ha desatado la revolución tecnológica.
De ahí que estas obras aparezcan presididas por dos nociones complementarias y también indisolubles: la del viaje permanente a través de conocimientos, historias, países, «Lo profundo» (2000), «Debajo de la luna» (2001), «Los inmigrantes» (2001), y la del curso del tiempo, que no se rige solamente por los horarios convencionales sino, además, por las sensaciones cotidianas y extraordinarias aportadas a la vida del hombre por la inexorable red de la información.
Hay otras formas del tiempo generadas por la computadora, la televisión y los satélites. El pasado inmediato puede volver en unos segundos con sólo rebobinar el video; el futuro cercano puede llegar a nuestro hoy con sólo adelantar la cinta grabada y conocer las últimas escenas del noticiero o del film. El presente ha devenido, pues, en un lugar de paso. El artista mezcla los tiempos y las creaciones del ser humano. Pero lo hace mezclando también los materiales con que gesta sus obras.
Plantea así un doble simbolismo, una relación de causa a efecto y de efecto a causa. La combinación de materiales con que organiza el yeso le permite disponer de soportes particulares y novedosos y, gracias a ellos, de obras también singulares que, por motivos referenciales, son pinturas con mayor a menor volumen, con distinto relieve.
El tiempo y la memoria resuenan en las obras de López Armentía. El ferrocarril, el camino, el barco, el avión, le sirven de emblema; como en «El nuevo navegante» (1999), «El entorno II» (2000), «La habitación» y «Los inmigrantes» (2001), algunas de sus últimas obras expuestas. Viajar nos toma tiempo, sabido es. Pero no podemos viajar por/en el tiempo. Salvo a través de la imaginación y la memoria, como hace el artista en esta serie de obras, que acaso pretenden y logran lo que T.S. Elliot descubrió: «La historia es una trama/de momentos sin tiempo./Lo que pudo haber sido y lo que fue/tienden a un solo fin, siempre presente».




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