Los arquitectos como dibujantes

Espectáculos

El Centro de Arte y Comunicación -CAYC-ha organizado la muestra «Escuela de Buenos Aires, Dibujos de arquitectos», que se inaugurará el martes 1 de junio, en Expovivienda. El concepto plantea la revalorización del dibujo y la representación de la arquitectura como parte de las bellas artes -algo que muchos estudios jóvenes han olvidado, con la aparición de las «máquinas de dibujar».

Participan 32 de los estudios más significativos del país que de alguna forma están emparentados con lo hemos llamado muchas veces la escuela de Buenos Aires. Jorge Luis Borges sostiene en un poema que Buenos Aires no tuvo comienzos, porque es «tan eterna como el agua y el aire». Sin duda, Buenos Aires no es eterna, pero que merece ser descubierta «con lucidez y avidez», como Borges se propuso hacerlo cuando tenía 21 años, y lo hizo a lo largo de su vida.

Cuando la Argentina inicia la era de su modernización, a fines de 1880, la inicia desde Buenos Aires y con Buenos Aires. Desde entonces hasta hoy ha crecido en dimensiones y en edificios. Arquitectos franceses, británicos y alemanes fueron cubriendo Buenos Aires de estupendos edificios públicos, de casas de departamentos, de residencias palaciegas. Paisajistas famosos crearon plazas, parques, paseos y jardines. En los tiempos del tranvía, Buenos Aires tuvo 850 kilómetros de rieles, y fue por eso, reconocida en el mundo entero como «la capital del tranvía».

El primer subte de América latina circuló por las entrañas de Buenos Aires, en 1913. Las primeras transmisiones regulares de radio empezaron aquí, no en Europa o los Estados Unidos, en 1920. Nueve años más tarde, nada menos que
Le Corbusier afirmaba que en Buenos Aires había «sonado la hora de la arquitectura». Entonces, nuestra ciudad era «la París de América». Pero poco a poco, los estilos modernos empezaron a singularizar a Buenos Aires, lejos de París y Nueva York, y cerca de su propia idiosincrasia.

• Proféticos

Razón tenía Le Corbusier, y los arquitectos argentinos -los extranjeros fueron aventados por la Guerra, y dejaron de venir a Buenos Aires hacia 1915-comenzaron a esbozar otra ciudad de torres de oficinas y viviendas, que iría extendiéndose entre los grandes palacios Beaux-Arts y los edificios Art Nouveau y Art Deco. En verdad, nuestros arquitectos, cuya fama hace tiempo ha trascendido las fronteras de la Argentina, son los que promueven, al inciarse la década del '80, la ciudad. Buenos Aires renace, aun sus construcciones antiguas, que son recuperadas y recicladas, empezando por los viejos mercados, y siguiendo por los edificios de la avenida de Mayo -la primera en su tipo de la América latina, habilitada en 1894-, las Galerías Pacífico, los docks de Puerto Madero, Catalinas Norte, el Asilo de Ancianos, y otros tantos testimonios del paisaje urbano de ayer y de siempre.

Se exhiben las distintas generaciones: los maestros, entre ellos
Clorindo Testa, Mario Roberto Alvarez, Justo Solsona, Antonini- Schon-Zemborain; el período de integración, Aslan, Roca, Dujovne, Urgell-Penedo, Hampton Rivoira, Mederico Faivre, Cherny, Mariani-Pérez Maraviglia; y la joven generación, Miani-Bodas-Anger,Aja Espill, Neuman, Grinberg, Cordeyro, Busnelli.

El dibujo precede al lenguajehablado y lo dota de escritura. Si es verdad que los retratos, las caricaturas, los bocetos y las ilustraciones anatómicas contribuyeron a la emancipación del dibujo a partir del siglo XVI, también es cierto que la arquitectura hizo un aporte esencial, aun cuando no se haya propuesto entrar directamente en el terreno del arte del dibujo. Sin embargo, creó un arte propio, el de la representación arquitectónica, que, desde luego, no se limita a los planos si no alcanza también a la obra como entidad plástica.

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