9 de enero 2004 - 00:00

Los cuerpos cambian pero los chistes no

Los cuerpos cambian pero los chistes no
«Viernes de locos» («Freaky Friday», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: Mark Waters. Int.: Jamie Lee Curtis, Lindsay Lohan, Mark Harmon, Harold Gould, Chad Michael Murray, Stephen Tobolowsky.

Partiendo de lo deprimente que puede ser la idea de sentarse a ver una remake de una floja comedia de Disney de 1976 sobre una madre que intercambia mágicamente cuerpos con su hija adolescente (Jodie Foster luego de «Taxi Driver»), esta cuarta versión de «Freaky Friday» no está tan mal, lo que no significa que sea una película realmente buena, sino que simplemente tiene un puñado de elementos divertidos que ayudan a pasar el rato.

Se trata de una remake no demasiado imaginativa de una de esas películas de la era en que los estudios Disney, habiendo perdido casi totalmente el pulso de la animación, bombardeaban al público familiar con este tipo de fantasías ligeras.

• Versión

De hecho, la nueva versión empeora notablemente el detonante fantástico para el intercambio de cuerpos entre madre e hija: antes bastaba el deseo simultáneo de ambas, luego de una discusión, para que la otra pudiera percibir las cosas desde su punto de vista (en 1976 la gente que compraba los derechos de un libro de Mary Rodgers era tan excéntrica como para respetar los puntos importantes de la obra original).

Ahora, una camarera china, infiltrada en el «american way of life», hace unos pases mágicos en medio de una discusión entre Jamie Lee Curtis y Lindsay Lohan, logrando que al día siguiente las dos protagonistas experimenten el extraño intercambio de cuerpos. Una psicóloga adulta, pero con la mente de una adolescente, atiende pacientes, mientras que una chica con madurez de mujer adulta les asegura a sus amigas que ella jamás tendría sexo con ningún galancito, y les aconseja que sean castas y puras.

La verdad, luego de dos actos bastante tristes, largos y aburridos, cuando finalmente se provoca el fenómeno paranormal, la película levanta vuelo, y
Jamie Lee Curtis se hace cargo de volver graciosos algunos gags bastante previsibles. En cambio su hija (o sea, la madre en el cuerpo de la hija) no logra mejorar mucho nada, y como ella tiene que ocuparse de media película, no hace falta decir mucho más, salvo que la pequeña encima canta. Su talento logra algo tan increíble como hacer sentir nostalgia por el viejo soundtrack de 1976, con simpáticas, insoportables canciones melosas como «I'd Like to Be You for a Day».

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